lunes, 27 de septiembre de 2010

EL Dueño De Luis Majul SEGUNDA PARTE: CRISTÓBAL

3LA PROPUESTA
Un mes antes de que se hiciera público, el senador nacional Luis Juez dio su versión completa de cómo Cristóbal López habría intentado sobor¬narlo para instalar un casino en la ciudad de Córdoba. Además acusó a Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, de haber influido para que aceptara la oferta.
Las graves imputaciones de Juez están grabadas y guardadas en un lugar seguro, por si resulta necesario presentarlas ante la Justicia. Tienen un valor extra: kirchnerista fugaz pero intenso, es uno de los pocos que estuvo ahí cuando el hoy ex presidente y sus hombres soñaban con un horizonte de casi veinte años en el poder.
Juez también denunció al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime y a otros hombres muy cercanos a Kirchner por diferentes delitos que van desde pedidos de coimas hasta el blanqueo del dinero negro de las cam¬pañas políticas.
El ex intendente de Córdoba aceptó hablar en público sobre estos hechos el lunes 14 de julio de 2008, en una conocida parrilla de Alicia Moreau de Justo 580, en Puerto Madero. La entrevista comenzó a la una menos cuarto del mediodía y terminó a las tres y media de la tarde. Juez es abogado, y cuando se pusieron sobre la mesa las pautas del reportaje, no dudó:
-Prendé el grabador, nomás. Yo no tengo off the record.
Diez meses después, Cristóbal López, mano a mano, negó la acusa¬ción de soborno. También lo hizo frente a un grabador. El empresario, además, dobló la apuesta: afirmó que el que pidió el encuentro fue Juez, y lo acusó de proponerle diferentes negocios en los que, según él, no esta¬ba interesado.
La reconstrucción minuciosa de los testimonios de Juez y de López, los lugares y circunstancias de los encuentros y las sabrosas anécdotas con las que ambos enriquecen el relato resulta imprescindible para deter¬minar quién miente y quién dice la verdad.
Según Juez, fue Zannini, en setiembre de 2004, el primero que le hizo, de manera indirecta, la propuesta indecente.
Carlos Alberto "Chino" Zannini, Documento Nacional de Identidad 11.418.915, 54 años, nacido en Villa Nueva, cerca de Villa María, Córdo¬ba, abogado, casado en segundas nupcias, cuatro hijos, con oficina un piso abajo del despacho presidencial y con vista al Patio de las Palmeras, es, desde hace veinticinco años, uno de los hombres de mayor confianza de Kirchner. Sus amigos íntimos, en Santa Cruz, lo apodan también "Noño", por su parecido con uno de los personajes de "El Chavo del Ocho", repre¬sentado por el actor mexicano Édgard Vivar.
Ex militante universitario del Partido Revolucionario de los Traba¬jadores (PRT), de orientación maoísta, Zannini tuvo una madre que limpiaba ropa de otros para pagarles los estudios a él y a su hermano. Entre 1976 y 1980, durante la dictadura militar, estuvo preso sin juicio previo en una cárcel de Córdoba. Allí conoció a Gerardo Ferreyra, uno de los dueños de Electroingeniería, otro de los grupos empresarios ana¬lizados en este libro y a los que se considera, también, miembro del club de Los Nuevos Dueños de la Argentina K (véase Octava Parte: Elec¬troingeniería).
En el momento en que Zannini le hizo la primera insinuación, Juez era intendente de Córdoba y sentía que tenía una deuda de honor con el gobierno nacional. El poderoso funcionario se las ingeniaba para que Juez pudiera hacer uso de los fondos otorgados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). El entonces go¬bernador José Manuel de la Sota, enemigo acérrimo de Juez, se negaba a avalar los pagos de la ciudad con las garantías de la provincia, y Zan¬nini, un verdadero experto en expedientes públicos, hacía malabares jurídicos para colocar como garante a la Nación. Es decir: le daba aire para seguir gobernando.
Hasta entonces, las solicitudes de El Chino a Juez no pasaban de la típica gauchada. Un día el secretario le pidió que contratara a un amigo suyo, uno de los integrantes de Los Olimareños, para que pudiera ganar¬se unos pesos.
-Le dije a Zannini que en la ciudad no teníamos plata para contratar ni a un mimo. Pero él insistió. Cuando lo llamamos, descubrimos que el músico tocaba la guitarra con la izquierda pero cobraba con la derecha. Nos quiso facturar un dineral. Todo murió antes de empezar.
El otro pedido fue distinto. Y podría ser considerado un grave delito.
Juez llegó al despacho de Zannini acompañado por Rubén Borello, su secretario de Obras Públicas. El trato que tenían era muy amistoso y casi de pares: el intendente era el kirchnerista transversal que ganaría la pro¬vincia y le tributaría sus votos a Kirchner. Y el secretario Legal y Técnico "era" Kirchner. Juez consideraba a Zannini un tipo franco, talentoso, y "de código". El haber sido detenido por la dictadura lo hacía respetable. Y su audacia política también:
-Cuando el gobierno adelantó gran parte del pago de la deuda al Fondo Monetario, me acordé de Zannini. Él me lo había planteado como idea en 2004. Y en ese momento sonaba tan descabellado como que hoy Belgrano o Talleres de Córdoba pretendieran comprar a [Diego] Buonanotte, a [Martín] Palermo o a (Juan Román] Riquelme.
Aquella tarde de miércoles, después de las 17.30, Zannini, no parecía un estadista. Porque, de repente, le preguntó:
-¿Cómo te vas a financiar?
Ni Juez ni Borello habían entendido la pregunta. Entonces el funcio¬nario insistió:
-¿Cómo te vas a financiar para la próxima campaña?
Se refería a las elecciones legislativas de octubre de 2005.
-Como hice hasta ahora: con un escarbadientes -respondió Juez.
-Sí. Pero una cosa es la ciudad y otra, la provincia. Podrás ganar el año que viene, pero, si querés gobernar una provincia como Córdoba, necesitás dinero de verdad.
-¿Te parece?
-Estoy seguro. Nosotros tenemos un tipo que nos ayuda, que está con el proyecto desde hace muchos años. Lo hace de onda. No nos pide nada a cambio.
Juez dice que en esa reunión Zannini no le dijo de quién se trataba. En cambio, enseguida le preguntó:
-¿Y ustedes cómo están con el juego en la ciudad?
-No estamos. Y, además, no se puede.
Juez le explicó que existía una ordenanza del entonces intendente Ramón Mestre que prohibía la instalación de salas de juego, tragamone¬das o casinos.
-Eso no es problema. Eso se puede arreglar. Lo importante es que Córdoba es un nicho virgen para el juego, digno de ser explorado. Estudia¬lo un poco y lo vemos después -lo despidió el secretario de Estado.
Juez lo estudió. Hizo todas las consultas técnicas pertinentes. Y ade¬más lo consultó con su conciencia.
El segundo encuentro con Zannini pareció calcado. El mismo despa¬cho. La misma hora, pero semanas después. El creador del Partido Nuevo fue directo:
-Maestro: esto no va a andar.
Zannini insistió:
-¿Por qué no? Hay juego en todo el país. Y yo tengo encuestas que dicen que la gente en la ciudad quiere tener una sala con máquinas tragamonedas.
El intendente empezó a hacer chistes con la intención de cambiar el tema de conversación. Entonces Zannini le dijo:
-Vos andá a ver a este tipo. Se llama Cristóbal López. Él te está espe¬rando.
Ese mismo día, cerca de las diez de la noche, López recibió a Juez en sus oficinas del octavo piso de Diagonal Norte 971, entre Carlos Pellegrini y Suipacha, en Buenos Aires. Están a nombre de Oil M&S. Tiene cua¬tro líneas telefónicas. Dos a nombre de Oil y dos a nombre de CLEAR. Un piso más arriba se encuentra Invernes SA, una empresa a la que en un momento se la vinculó a Lázaro Báez, y a la que alguien quiso presentar como "Inversiones Néstor".
No parecía una hora apropiada para hacer negocios lícitos.
Ya se habían ido todos los empleados. No quedaba ni siquiera un asistente.
El propio Cristóbal López esperó a Juez en la puerta del ascensor del octavo piso. Tenía una camisa blanca arremangada. Los muebles de la ofi¬cina eran austeros y de estilo minimalista. En las paredes había enormes fotos de pozos petroleros y miniaturas de los balancines con los que se extrae el crudo. El intendente fue acompañado con su secretario Borello.
-Quería tener un testigo porque la situación me resultaba por demás incómoda -aclaró Juez durante la prolongada entrevista grabada.
El senador nacional electo afirmó que la primera conversación fue "exploratoria". De sondeo.
-Vos andás bien, ¿eh? No todo el mundo llega hasta acá. Pero vos tenés la suerte de tener una relación con los dueños del picaporte de la puerta -sostuvo Juez que le dijo el empresario.
De inmediato López empezó a preguntarle por el negocio del juego.
-Tardó un minuto en comprobar que no soy un experto. Cuando le dije que yo no quería ni podía hacer nada, porque la potestad la tenía De la Sota, él me contestó: "Por eso despreocupate... eso no es un obstácu¬lo" -afirmó Juez.
Tres semanas más tarde, Juez volvió a Buenos Aires para hablar con Zannini. El motivo: necesitaba una nueva firma para destrabar los créditos de la obra pública en la ciudad. Antes de terminar, Noño volvió a la carga:
-Che, Cristóbal quedó muy bien impresionado con vos.
Juez apenas esbozó una sonrisa. Lo único que quería era que Zanni¬ni lo ayudara a firmar el pacto fiscal que la provincia de Córdoba había acordado con todos los municipios, excepto la capital.
El hombre de Kirchner entonces mostró las cartas.
-Yo creo que al final va a aflojar. Pero eso depende de vos. Tengo bue¬nas noticias: De la Sota quiere verte.
¿Buenas noticias? Juez y De la Sota estaban peleados a muerte.
Sin embargo, el intendente, necesitado de su firma para recibir los fon¬dos de la ciudad, tragó saliva y lo fue a ver durante la Semana Santa de 2005.
Al ex gobernador se lo puede considerar uno de los políticos más astu¬tos de la generación posterior a la dictadura.
Para definirlo, el propio Juez dice:
-De la Sota juega a la mancha con los aviones.
En aquel encuentro, El Gallego le propuso olvidar viejos rencores y acordar la construcción de un enorme centro de convenciones en la ciu¬dad. Juez confiesa que se entusiasmó con la idea, hasta que De la Sota le explicó que el proyecto venía con un "pequeño souvenir": la instalación de una sala de juegos con máquinas tragamonedas.
Y eso no fue todo. También le informó que ya estaban preseleccionadas las empresas que realizarían la obra: la constructora Regam, del inge¬niero Martín Amengual y los dueños de la cadena Amerian, con hoteles en Córdoba, Mar del Plata y Buenos Aires.
-Gracias por el café. Es imposible -se despidió Juez.
De inmediato el intendente les pidió a unos periodistas que lo entrevistaran. Quería enviar un solo mensaje a De la Sota y a Kirchner. Declaró:
-Si De la Sota quiere, que instale una tómbola en el patio de su casa, llame a su mujer, se ponga un piyama, le preste un batón y empiece a jugar. Porque, mientras yo sea intendente, a Córdoba el juego no va a entrar.
A los pocos días Juez volvió a Buenos Aires. Pero Zannini ya no hablaba como un amigo. Sonaba más imperativo:
-¿Para qué hacés semejante quilombo? Si nadie te pide que muevas un dedo... si ni siquiera tenés que decir que estás a favor del juego. Qué¬date quieto. Dejá que pongan el centro de convenciones. ¡Hacete el pelo¬tudo y listo!
El intendente intentó resistir con un chiste:
-Maestro. Lo que me pedís es lo mismo que no armar una barrera con un tiro libre directo en la puerta del área.
Contrariado, Zannini volvió a usar su vieja fórmula: le pidió que lo fuera a ver a López ese mismo día, después de las diez de la noche.
Juez jura que en este segundo encuentro López no anduvo con rode¬os; sacó una hoja de papel en blanco y le preguntó:
-¿Cuántos años tenés?
-Cuarenta y dos...
-...y un futuro brillante. Podés llegar a convertirte en uno de los gobernadores más jóvenes de Córdoba.
-Gracias. Si hago una buena gestión, tengo alguna chance de llegar....
Cristóbal lo interrumpió:
-No es cierto. En este país eso que decís vos no existe. Uno no llega de esa forma. Vos necesitás financiarte. ¿Vos con quién te financiás?
-Con nadie.
-Vamos... No te estoy hablando de corrupción. Solo quiero saber quién te banca. ¿Ganaste la intendencia sin financiamiento? Ponele que haya sido así. Pero eso es irrepetible. Es como meter un gol de media can¬cha. ¿Cuántos goles así podés meter en tu vida?
Juez dice que recién empezaba a comprender el tono de la conversa¬ción cuando López deslizó el papel hacia él y le dijo textualmente:
-Poné el banco. Poné el número de cuenta. Yo me encargo de tu carrera durante los próximos diez años. Yo te financio las próximas can¬didaturas.
Juez sostiene que López avanzó más todavía. Que le informó que la movida para aprobar la instalación del casino la iban a hacer con el asesoramiento de Horacio Miró.
Miró había sido investigado por el propio Juez cuando era el fis¬cal anticorrupción de la provincia de Córdoba. Contador, condujo la Agencia Córdoba de Inversión y Financiamiento, un organismo públi¬co destinado a la modernización del Estado. Monje negro de De la So¬ta, el entonces gobernador lo defendió ante Juez, que era su subordi¬nado.
-Miró es más importante que los delegados del BID y del BM juntos. ¿Por qué no te dejás de joder y parás de investigarlo?
El intendente se fue de la reunión con López un tanto inquieto. Vein¬te días después volvió a reunirse con Zannini.
-Lo lamento, Chino. El tema del juego no va a andar. Yo no sirvo para estas cosas.
El hombre del Presidente pareció perder la paciencia.
-Sos un boludo. Hay tipos que matan por una oportunidad como esta.
-Yo no.
-¿No sos el intendente? ¿No querés hacer desagües y cloacas para la gente? -insistió el secretario Legal y Técnico de la Presidencia.
-Con ese criterio hagamos obras más grandes con plata de la droga y listo -ironizó.
En la misma entrevista para esta investigación en la que reconstruyó la oferta de López, Juez recordó otras propuestas de negocios.
En una habría participado el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime. Según el político, Jaime le pidió que licitara el recorrido "más jugo¬so" para los colectivos de la ciudad, conocido como "el corredor rojo".
-Cirigliano quiere quedarse con el corredor rojo. Nosotros estamos dispuestos a subsidiarlo a él -afirmó Juez que le comentó Jaime.
Claudio Cirigliano, el número uno del grupo, dueño del Grupo Plaza y concesionario del Ferrocarril Sarmiento por medio de Trenes de Bue¬nos Aires (TBA), negó ante el autor de esta investigación su supuesto inte¬rés en manejar los colectivos de aquella zona de la ciudad (véase Sexta Parte: Los Cirigliano. Capítulo 3: "No soy un empresario K").
Juez también reconstruyó un diálogo mantenido con el secretario de Obras Públicas, José López.
José Francisco López, ingeniero civil nacido en Tucumán, 49 años, Documento Nacional de Identidad 13.607.584. Ex militante del Peronis¬mo Revolucionario, es otro de los que responde directamente al ex presi¬dente desde 1988. Desde entonces hasta 1990 López fue director general y secretario de Obras Públicas y Urbanismo de la Municipalidad de Río Gallegos. También fue presidente del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda de la provincia Santa Cruz (IDUV) entre 1991 y 2003, durante los tres períodos de Kirchner como gobernador.
Juez conoció a José López en toda su dimensión cuando lo fue a ver con el entonces comandante en jefe del Ejército, general Roberto Bendini. La intendencia de Córdoba había terminado de acordar la compra de 93 hectáreas de tierras propiedad del Ejército para construir 2.500 casas correspondientes al Plan Federal de Viviendas 1.
-López quería que las hiciera Electroingeniería -aseguró Juez.
El ex fiscal anticorrupción considera que el ex presidente "maneja dis¬tintas cajas" y, cuando se le pregunta qué evidencias tiene, afirma que su proyecto político y de negocios se inició mucho antes de que asumiera como jefe de Estado.
Recuerda que, en plena campaña presidencial, Néstor envió a Córdo¬ba a Raúl Horacio Copetti, para seducirlo.
-A Kirchner no lo conocía nadie. Era una mancha en este papel. Entonces vino Copetti para pedirme que fuera candidato a gobernador por el Frente para la Victoria.
Copetti, Documento Nacional de Identidad 10.903.042, nacido en Córdoba, casado y separado de Silvia Esteban, papá de Pablo y Yanina, fue apoderado y recaudador del Frente para la Victoria desde sus inicios.
Ex director de Recursos Humanos de la provincia de Santa Cruz, ex direc¬tor del Banco de Santa Cruz hasta julio de 2009, es dueño del Hotel Imago Spa, en El Calafate. La sociedad está a nombre de Yapa, que son las primeras sílabas de los nombres de sus hijos.
Juez le agradeció a Copetti la invitación, pero le explicó que quería ser intendente y pretendía, en esa oportunidad, presentarse sin aliados. Por eso después fue con su Partido Nuevo.
-Pero el guaso, para convencerme, me dijo: "¿Te creés que yo vengo a verte por un carguito? Yo estoy trabajando para el futuro Presidente. Yo, junto con Lázaro Báez y Máximo [Kirchner], que es un genio, admi¬nistramos la fortuna de Néstor. Tenemos un proyecto político de verdad. Y por muchos años".
De aquella época Juez también recuerda cuando otro incondicional del ex presidente, el senador nacional por Santa Cruz Nicolás Fernández, quiso donar cien mil pesos para su campaña a pesar de que estaban en plena veda electoral.
-Gracias pero no -afirma Juez que le dijo-. Ya no la necesitamos. Y, además, no tenemos manera de justificarla.
El ex intendente informó que después Fernández pretendió hacer valer ese gesto y le pidió negocios de obra pública para sus empresas.
Antes de terminar el diálogo, Juez quiso dejar sentado que el verda¬dero motivo de la ruptura con el entonces Presidente fue su negativa a participar del negocio del juego.
-Después de la última reunión con Zannini todos me dieron la espal¬da. Me hicieron la cruz. Dejé de ser "confiable".
Algo parecido me dijo Felipe Solá cuando le pregunté cuál fue la razón por la que se alejó del kirchnerismo.
-Kirchner me había advertido: no te metás con el juego. Y yo no le hice caso. Por eso le bajó el pulgar a mi intento de reelección. Después se cansó de hacerme operaciones y entonces no se detuvo jamás.
El encuentro con Solá tuvo lugar en su despacho del edificio históri¬co de la Cámara de Diputados, la semana siguiente en la que fundamen¬tó su voto contra la Resolución 125, en junio de 2008.
El ahora diputado nacional por Unión Pro aceptó revivir el crucial diálogo que mantuvo con Kirchner, arriba del Tango 01, mientras vola¬ban desde Buenos Aires hacia Caracas en misión oficial.
Fue el 5 de junio de 2006. Integraban la comitiva, además de Solá, Zannini; el entonces ministro del Interior, Florencio Randazzo; el presi¬dente provisional del Senado, José Pampuro; el presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Balestrini; el jefe del Bloque Peronista Federal, José María Díaz Bancalari; el entonces intendente de Mar del Plata, Daniel Katz, y el de Ituzaingó, Alberto Descalzo.
El clima no era el mejor. Solá pretendía un apoyo explícito de Kirch¬ner para intentar su re-reelección. Intentaba forzar una interpretación de la Constitución para que no se considerara como un mandato su paso por la vicegobernación cuando el gobernador era Carlos Ruckauf. Así podría ser otra vez candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Solá estaba sentado en el primer asiento de la zona común del avión cuando Kirchner salió del compartimiento privado reservado al Presiden¬te y se sentó a su lado. El gobernador de la provincia aprovechó para anti¬ciparle su intención de regular el negocio de los bingos. Le dijo:
-Voy a presentar a la Legislatura un proyecto para que quienes explo¬tan los bingos y tragamonedas me paguen tres años por adelantado. Ellos quieren la prórroga del negocio y yo necesito cash.
Y Kirchner, según Solá, lo interrumpió:
-Yo que vos no me metería con el juego....
-Voy a subirles el canon. Me van a pagar cash, y por adelantado. Ade¬más, les voy a instalar un control online...
-Yo no me metería.
-¿Por qué?
-Porque te están mirando mucho desde afuera. Van a decir cualquier cosa de vos. Van a meterse con tu familia.
Asegura Solá que las palabras del Presidente lo inquietaron. ¿Acaso estaba amenazándolo? ¿Le estaba sugiriendo que se apartara del nego¬cio? El gobernador le pidió que fuera más preciso. Y Kirchner habría intentado aclarar.
-Te vas a meter en un quilombo.
-No veo cuál puede ser el quilombo.
-Mirá lo que me pasó a mí con los fondos de Santa Cruz. Lo hice por el bien de la provincia y todavía tengo que andar dando explicaciones.
-¿Y qué me sugerís?
-Que no te metás con el juego. Es un negocio muy raro. Y hay gente muy pesada.
-Yo pienso al revés. Creo que hay que meterse con el juego. Vos, por ejemplo, tendrías que meterte más con el juego.
Kirchner lo miró en silencio, un tanto contrariado.
-Sí, Néstor. Yo creo que Lotería (Nacional) les tendría que subir el canon a los que explotan el juego en la ciudad de Buenos Aires.
En ese momento, Lotería de la Provincia de Buenos Aires se quedaba con el 31 por ciento de lo recaudado por el negocio del juego. En cambio Lotería Nacional percibía el veinte por ciento de lo recaudado en la Capi¬tal Federal. Solá cree que su decisión dio resultado.
-Con Ruckauf, Lotería recaudaba veinticuatro millones de pesos por año. Y durante mi gestión llegamos a trescientos millones -se rei¬vindicó.
Felipe asegura que, después de aquel viaje, Néstor no le atendió más el teléfono, y hasta el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, empe¬zó a ningunearlo.
Según el actual diputado nacional de Unión Pro, en aquella conver¬sación no se mencionó a Cristóbal López. Sin embargo, cualquier lector atento podría interpretar que Kirchner podía estar haciendo lobby para evitar la prórroga de las empresas dueñas de los bingos como Boldt y Co¬dere y facilitar el ingreso de Casino Club, uno de cuyos socios es su ami¬go López.
En la parte final de la primera entrevista concedida por Cristóbal López, el empresario calificó a Solá de "crápula".
Lo hizo mientras se defendía de las acusaciones por la prórroga que Kirchner les concedió, mediante un polémico decreto, a quienes manejan el negocio de las tragamonedas en el Hipódromo de Palermo, entre los que se encuentra él mismo.
-Para mí está bien prorrogado. En la Argentina se prorrogaron los contratos petroleros y nadie dijo nada. Solá les prorrogó [el negocio] a los bingos de la provincia y nadie dijo nada.
-Nadie no. Solá dice que, antes de decidirlo, Kirchner le advirtió: "No te metás con el juego".
-¿Y qué significa eso?
-Explíquemelo usted.
-Decile a Solá que es un crápula. Justo él. ¡Le renovó a todos los bingos de la provincia de Buenos Aires hasta el dos mil veintitantos!
-Pero dice que le pagaron el canon por adelantado.
-¿Quién vio la plata adelantada? ¿Vos la viste? Si adelantar el ca¬non unos años es motivo suficiente para que me prorroguen la conce¬sión, voy a salir a hacer eso en todo el país. Solá es un crápula. No tie¬ne vergüenza. Blanqueó las máquinas tragamonedas de la provincia de Buenos Aires, que hasta entonces funcionaban de manera ilegal.
-¿Y por qué cree que todos lo miran a usted?
-El que está operando todo el tema del juego en la provincia es un competidor y se llama Codere. Hay otros pelotudos que escupen para arriba y se comieron que voy a entrar en la provincia de Buenos Aires.
-¿Y no es así?
-Yo voy a entrar en la provincia de Buenos Aires si licitan. Casino Club no tiene nada que no haya ganado por licitación pública.
Está claro que, cuando López escucha el apellido Solá, estalla. Sin embargo su bronca pareció no tener límites cuando se le preguntó por las denuncias que Juez ratificó ante el juez Julián Ercolini.
López dio una versión de su encuentro con Juez muy diferente de la que suministró el ex intendente. Fue en la parte final de la segunda de las entrevistas que mantuvimos.
Cristóbal asegura que era Juez el que lo buscaba a él, y no al revés. Y que lo sabía porque distintos fabricantes de colectivos, entre ellos los dueños de Metalpar, se lo habían anticipado. Metalpar le había vendi¬do la mayoría de las unidades de la empresa de transporte público que Ló¬pez administra en la capital de Neuquén. Y el dato que tenía el empre¬sario era que Juez lo andaba buscando porque necesitaba que "alguien serio" aceptara manejar el negocio de los colectivos en la ciudad de Cór¬doba.
-El tipo de Metalpar llamó a un ex socio mío y le dijo: "Me parece que hay un negocio para hacer, gestionar los colectivos en Córdoba" -contó López.
El empresario del juego, el petróleo y los colectivos afirma que lo des¬echó porque no estaba dentro de sus intereses. ¿Cómo se gestó la reunión entonces?
López dice que fue porque leyó en Clarín que Juez iba a reunirse con Zannini. Y porque le pareció una vía más seria de conexión que las otras que le habían propuesto. Fue entonces cuando llamó a Zannini y le comentó:
-Sé que te vas a reunir con Juez. Tiene un problema con los colecti¬vos en Córdoba y me anda buscando porque me quiere ofrecer el gerenciamiento. Hace como dos meses que me estoy haciendo el boludo. Pero, si querés, decile que me llame. Me quedo en Buenos Aires hasta mañana.
López recuerda que Juez lo llamó enseguida y que aceptó venir a su oficina, lo que, según entiende, demostraría que el interés era del visitan¬te y no del anfitrión.
Cristóbal sostiene que empezaron a hablar de colectivos pero que, cuando él le transmitió que no estaba interesado, Juez empezó a propo¬nerle distintos negocios.
-A mí me van a dar plata, ¿no te interesa hacer cloacas? -jura Cris¬tóbal que Juez le preguntaba.
-No.
-¿Y viviendas?
-Tampoco. Esto no es lo mío. Si tuviera que desarrollarlo en Como¬doro, todavía. Pero, ¿en Córdoba? La verdad que no.
Lo que sí reconoce el hombre de negocios es que fue él quien, antes de terminar el encuentro, le preguntó:
-Intendente, ¿por qué se opone al proyecto de De la Sota?
Cristóbal se negó a revelar cuáles fueron las razones que según él esgrimió Juez.
López acepta, también, que él intentó hacerlo cambiar de opinión.
-Hay casinos en todo el país. Y a usted lo tienen rodeado. Hay en Rosario, en Santa Fe, en San Luis, en Tucumán y en Catamarca. Incluso el interior de Córdoba está lleno de casinos. El proyecto de De la Sota viene con un hotel cinco estrellas, un restaurante y un centro de conven¬ciones. Si usted se opone, está dañando a la ciudad, porque la iniciativa va a generar desarrollos turísticos y puestos de trabajo.
El empresario asegura que Juez no le dijo que no.
-Me dijo que lo iba a estudiar.
Cristóbal López negó rotundamente cualquier oferta de dinero.
-De plata cero. Jamás hablé. Y, además, me pregunto: ¿Por qué ten¬dría que ofrecerle plata a él? Juez no era el dueño de la pelota. Solo se oponía a través de los medios.
-¿Está seguro de que nunca le insinuó nada? -volví a preguntarle.
-No. Absolutamente nada, porque después vino otra vez. Y vino a decirme que no. Que había hablado con los compañeros. Con la Iglesia...
-Pero, si vino a decirle que no, es porque tenía la llave para hacer el negocio.
-Bueno... Ni siquiera sé por qué me dijo "lo voy a pensar". Yo lo único que hice fue preguntarle al tipo por qué se negaba, ya que había leído sus declaraciones en Ámbito Financiero. Pero lo único que hace falta para instalar un casino en la ciudad de Córdoba es una licitación, porque los intendentes no tienen el manejo del juego. Una licitación como la que se hizo en Santa Fe y en Rosario.
-Raro, ¿no?
-No sé. Además, hay otra cosa que quiero aclarar una vez más. Él no me dio un no definitivo. Me dijo: "Lo voy a pensar". Es más, cuando esta¬ba saliendo, agregó: "Cuando sea gobernador hablamos".
-¿Cuántas personas había en la reunión?
-Él y yo.
-Él afirma que fue con su secretario de Obras Públicas, Rubén Borello.
-Bueno. Las dos veces me llamó él, pero la segunda vez volvió con un tipo. Pero el tipo se quedó afuera.
Rubén Borello, Documento Nacional de Identidad 16.743.111, ex secre¬tario de Obras Públicas de Juez, presidente del Partido Nuevo, miembro del directorio del Ente Regulador de los Servicios Públicos (ERSeP) de la pro¬vincia de Córdoba. Borello fue entrevistado en Córdoba dos semanas des¬pués del largo reportaje realizado a Juez.
Su versión sobre los encuentros con Zannini y López es parecida a la de Juez, pero no exactamente igual. La riqueza de su testimonio consiste en los precisos detalles que aporta.
Borello explicó que en esa época Juez era la estrella política de la transversalidad.
-Alberto [Fernández] y el Chino [Zannini] se peleaban para recibirlo.
Recordó que, cada vez que Juez iba a la Casa Rosada a ver al jefe de Gabinete, Kirchner entraba por la puerta del costado y se ponía a hacer chistes con el intendente.
-Ellos querían derrotar a De la Sota y Luis era el instrumento que habían elegido para eso.
Borello destacó que por esos días el gobernador puso la firma para impedir que la ciudad de Córdoba accediera a un crédito blando de diez millones de euros destinado a construir un hospital en la zona sur, la más humilde y castigada del municipio.
—El gobierno nacional se indignó con la actitud del Gallego. Y a par¬tir de ese momento Zannini se las arregló para encontrar la forma legal de destrabar los créditos del Banco Mundial y el BID.
En una de las tantas reuniones que mantuvieron con Zannini, Bore¬llo le escuchó decir:
-Hay un amigo del Frente para la Victoria que necesita un favor de nuestra parte. Es un hombre que está con el proyecto. Les pido que lo vean y lo escuchen. De la Sota ya sabe de qué se trata y está de acuerdo.
Después de la primera reunión con López, Borello le pintó a Juez un detallado cuadro de situación. Lo hizo con un mapa de la provincia en la mano. Este fue el diálogo completo.
-Luis, Cristóbal López está tratando de entrar con sus salas de juego en la capital.
-¿Y puede?
-No. Está prohibido por ordenanza. Además, el dueño de la mayoría de los casinos en la provincia es el grupo Roggio.
-¿Y?
-Nuestros amigos me contaron que Roggio se aseguró de que nadie entre a la capital con salas de juego que compitan contra las suyas. Lo logró a cambio de grandes inversiones alrededor de sus centros de apuestas. Construyó hoteles en Río Cuarto, Río Ceballos, Villa María, Alta Gra¬cia, Mina Clavero, Villa Carlos Paz, Cosquín, Deán Funes, Miramar, San Francisco, Morteros, Cruz Alta, Laboulaye y Embalse.
Borello recuerda que, durante el segundo encuentro en las oficinas del empresario, López les invitó café y enseguida fue directo al asunto.
-Nos dijo que la ordenanza municipal que prohibía los slots en Cór¬doba debía ser modificada y que para eso necesitaba de los ediles del Partido Nuevo. Nos dijo que De la Sota estaba de acuerdo, ya que la ini¬ciativa estaba atada a la creación de un centro de convenciones para dos mil personas. Nos dijo que su negocio no eran las tragamonedas, como se especificaba en la norma de la ciudad, sino los bingos y las ruletas elec¬trónicas.
-¿Y qué le respondió Juez?
-Que no estaba de acuerdo en fomentar la ludopatía entre los cordo¬beses. Que estaba cansado de ver cómo la gente más humilde pierde lo poco que tiene en los bingos y casinos del interior de la provincia.
-¿Nada más?
-Luis dijo también: "Hagamos el centro de convenciones, cuenta con todo mi apoyo para hacerlo".
¿Fue el sí a la creación del centro de convenciones lo que hizo que Zannini y López interpretaran que Juez podía, al final, ser persuadido?
Borello también afirma, igual que Juez, que Cristóbal les preguntó cómo se financiaban.
-Le dijimos que en 2003 hicimos un asado para un grupo de ami¬gos, cobramos cuarenta pesos por cabeza y con la plata que nos sobró compramos nuestro local. Le explicamos que en la elección siguiente le pedimos cuarenta mil pesos a cuarenta compañeros. Le aclaramos que siempre preferimos no recibir un gran aporte que después nos con¬dicione las decisiones futuras.
-¿Y qué dijo exactamente López? ¿Cuáles fueron, una por una, las palabras que utilizó?
-Cristóbal se rió de la anécdota. Dijo, textual: "Eso pasa una vez en la vida. Para hacer política se necesita mucho dinero". Y ahí nomás explicó que estaba en condiciones de financiar la carrera de Juez durante los próximos diez años.
-¿Y cuál fue la respuesta?
-Luis repitió por lo menos dos veces: "No está en nuestra idiosin¬crasia, maestro".
Borello, igual que su comprovinciano, está seguro de que el rechazo de aquella oferta les cerró para siempre las puertas de la Casa Rosada.
-Eso, y la decisión de Luis de no aceptar 2.500 viviendas sociales para Córdoba -se acordó antes del final.
-¿Y por qué no las aceptaron?
-Porque venían de la mano de las empresas ganadoras: Roggio y Electroingeniería. Se suponía que debían ser adjudicados y nosotros les diji¬mos que no, que en nuestras licitaciones se presentaban hasta quince ofe¬rentes distintos. Que nosotros no teníamos caballos del comisario.
Caballo del comisario. Testaferro. Palo blanco. Socio encubierto. Ami¬go de negocios. Hombre del número uno. Son términos que se asocian al kirchnerismo explícito. En el reportaje del capítulo que viene se encuen¬tran las claves del intento de Cristóbal López por no quedar asociado a ninguna de esas categorías.
4
CRISTÓBAL LÓPEZ: "FALTA QUE ME DIGAN TROLO Y DROGADICTO"
El empresario más misterioso y polémico de la Argentina, Cristóbal Manuel López, habló durante cerca de seis horas de su relación con Kirchner, sus negocios y su vida, sin condiciones ni límites de ningún tipo.
López recibió al autor de este libro en Comodoro Rivadavia, el viernes 15 de mayo de 2009, después de la siete de la tarde, en el espectacular gim¬nasio que maneja su esposa, Muriel Sosa. Se trata de More Wellness, un centro integral para el cuidado del cuerpo, de 2.300 metros cuadros, en cuatro plantas, que incluye un restó y un local de ropa deportiva.
Más de un metro ochenta y cinco de estatura, más de noventa kilos de peso, Cristóbal vestía un equipo de entrenamiento Nike, la marca deportiva de la que tiene la franquicia junto a su hijo mayor, Nazareno, 24 años, empresario de indumentaria y piloto de TC Mouras.
Gritón y vehemente, el anfitrión hizo todo lo posible para dar una apariencia de hombre sencillo y descontracturado.
Intentó ser amable y procedió a la presentación de Muriel. Educado¬ra, maestra jardinera, prima hermana del ex gobernador Sergio Acevedo, coqueta, se tapaba la cara porque un molesto herpes la tenía a mal traer.
Cristóbal se subió a la camioneta para hacer el recorrido de algunas de las empresas que tiene en Comodoro, con el grabador prendido.
López negó ser el testaferro, socio o palo blanco de Kirchner. Reveló los detalles de cómo conoció al ex presidente, explicó cómo se hizo con¬tratista del Estado y dijo que le hubiera gustado conocer a Yabrán, a quien no consideró responsable de la muerte de José Luis Cabezas.
También negó cualquier vínculo con el sindicalista petrolero Diego Ibáñez o con el ex cuñado de Kirchner, Armando Mercado.
Dijo:
-Lo único que falta es que digan que soy trolo y drogadicto. La reconstrucción de la entrevista es textual, excepto por el orden de las respuestas que se alteró para facilitar su lectura.

¿Palo blanco de Kirchner? ¿Testaferro, yo? ¿Y desde cuándo sería testaferro? ¿A partir de qué año? Ni siquiera pingüino soy. Yo existía mucho antes de que Kirchner fuera intendente de Río Gallegos. Además, ¿qué significa testaferro? Un testaferro es un empleado. Si sos testaferro, no existís. Si me tratás de socio, al menos valorizás lo que hago. Si ponés "testaferro" me estás diciendo que soy un perejil. Que lo que tengo me lo dio otro. Que nunca laburé. Que nunca hice nada.
¿Socio de Kirchner? Tampoco. ¡Si lo que yo tenía antes de Kirchner es casi lo mismo que tengo hoy! Al final, para que entiendas, me vas a obligar a decirte en cuánto vendí Almería. Pero entendé que ese fue uno de mis grandes saltos. Porque la vendí muy bien. ¿Cuánto es muy bien? Como cinco veces su valor real.
De mí se dice cualquier cosa. Creo que lo único que falta que se diga es que soy trolo y drogadicto. También se dice que estoy separado de mi mujer y que salgo con Verónica Varano. Le pregunté cara a cara a Daniel Hadad por qué habían publicado eso. Casi le paso el teléfono para que le explique a mi mujer que era una barbaridad.
Yo a Kirchner lo conocí recién en 1998. Y ni siquiera en persona. Me lo presentó Pablo Grasso, un transportista amigo mío, al que le vendo camiones Scania hace una pila de años. Me lo puso en el telé¬fono. Yo le expliqué un grave problema que tenía. Él lo escuchó. Le pareció que no era justo lo que me estaban haciendo. Al otro día, el mensaje que mandó fue:
-Si es cierto que ganó, adjudiquen al que ganó. Y si no le adjudican, que no pisen más la provincia de Santa Cruz.
Lo que hizo Kirchner fue decirle a Pérez Companc "miren eso". Vicen¬te lo miró y al final nos dieron la adjudicación. Pudimos trabajar para Pérez Companc. No entramos por la puerta, sino por la ventana. Dura¬mos un año. Apenas encontraron una excusa para parar los contratos de nuestros equipos, la usaron.
¿Si estoy agradecido? Pero no tengas ninguna duda. Si hay algo que no me gusta son las personas sin memoria. ¿Cómo me voy a olvidar, por ejemplo, de aquel gerente del banco de la provincia [de Chubut] que me dio el primer crédito para comprar dos camiones? ¿Cómo me voy a olvi¬dar de los amigos con los que nos cambiábamos los cheques para cubrir las primeras cuentas? Y si tengo que nombrar a los tipos que me dieron una mano, tengo que decir "Néstor Kirchner". Porque, si él no llama a Oscar Vicente, no me adjudican la licitación.
¿Sabes cuál es mi problema? Que mis viejos no viven. Porque, si ellos vivieran, yo podría decir, como dicen los Eskenazi, que este grupo empresario nació hace sesenta años. ¡Vamos! Mi empresa tiene más años que Petersen, Thiele & Cruz. Pero, como yo tengo 52 años y mis viejos no viven, muchos se preguntan: "¿Y este de dónde salió?"
Enrique Eskenazi compró Petersen en 1980 o 1981, después de ser director de Bunge y Born. Por eso me da risa cuando dicen "una empre¬sa de cien años". Petersen tendrá cien años, pero los Eskenazi tuvieron la primera empresa en 1981.
Mi viejo llegó a la Argentina en 1949, desde Almería, España. Ense¬guida empezó a laburar. Tenía que juntar plata para mandarle el pasaje a mi vieja, que se había quedado en España.
A los pocos meses estaban instalados en San Rafael, Mendoza. En 1952 ya trabajaban por su cuenta en Comodoro. Primero montaron un almacén. Después la forrajería y el criadero. Pero no eran chiquitos. Era la forrajería más grande de la Patagonia. Más tarde mi viejo empe¬zó a transportar combustible con los camiones.
Cuando mis padres murieron en un accidente de tránsito en 1976, nos dejaron como herencia a mi hermana, María José, y a mí, un millón de dólares. ¿Sabés lo que significaba un millón de dólares en aquella época?
Me acuerdo de la cifra porque hubo que pagar el sellado.
Ella se quedó con el negocio de la forrajería y yo con los camiones.
Mi primer gran contrato fue con Gas del Estado, en 1981. En esa época tenía dos camiones, los primeros, que compré con un crédito en el Banco del Chubut. Nunca me voy a olvidar del gerente que me lo otorgó. Fui a pedir la plata con un miedo bárbaro. Todavía era un chico. Le pregunté directamente:
-Tengo que comprar dos camiones, ¿me puede dar un crédito?
-Me parece que no -me respondió él.
-Los necesito.
-Me parece que, en vez de dos, te voy a dar para comprar tres, por¬que, si se te rompe uno, no vas a poder cumplir con el contrato.
Tenía razón. Yo llevaba el gas hasta Puerto Deseado y, si se me rompía un vehículo, me sacaban el contrato.
Cada camión costaba un año de trabajo. En un par de años los camiones se hicieron cinco, y enseguida empecé a hacer contratos con YPF. Ahí sí me recibí de contratista.
Ahora hay gente que escribe que entré a YPF de la mano de [el ex secretario general del Sindicato de Petroleros Únicos del Estado, SUPE, Diego] Ibáñez. Te lo juro por la salud de mis hijos: jamás lo vi. Como tampoco conocí ni conozco a [el cuñado de Néstor Kirchner, Armando] Bombón Mercado. Sé quién es. Lo he visto en fotos. Pero jamás le di la mano en toda mi vida.
Y al [custodio de Alfredo Yabrán] "Coco" Mouriño la única vez que lo vi fue por televisión. Tampoco conozco a [Alfredo] Yabrán. Lamenta¬blemente no. Me hubiera gustado conocerlo. Porque para mí fue un empresario al que el periodismo convirtió en un mafioso y un asesino. Yo estoy convencido de que el tipo no tuvo nada que ver con ese crimen. Estoy convencido de eso. Porque un tipo que llegó a tener todo lo que tuvo debió de ser, por lo menos, inteligente. Y un tipo inteligente no manda a matar a nadie.
Hablar habla cualquiera. ¿Sabes la cantidad de pavadas que dicen sobre mí?
En Comodoro un día se empezó a decir que yo había quedado rengo porque Coco Mouriño me había pegado dos balazos en las piernas. Que lo había hecho porque yo le debía plata a Diego Ibáñez.
Y la versión fue tan fuerte que casi se la hacen creer a mi propio sobrino.
La historia fue así.
En enero de 1999 fuimos a pasar un fin de semana a un campo cerca de Chile. A unos sobrinos míos se les ocurrió que teníamos que hacer rafting. Yo no sé nadar, pero me convencieron y empezamos a hacerlo con un instructor norteamericano. El tipo calculó mal, nos caímos del bote y los que veníamos en la proa volamos como hojitas de árbol. Los cuatro de atrás se salvaron. Los cuatro de adelante nos fuimos a la mierda. Éra¬mos mi cuñado, dos chilenos y yo. Como no sé nadar, iba con la pierna trabada en el bote. Cuando el agua nos empujó, el cuerpo salió y la pier¬na quedó. El dolor fue insoportable. Tuve una fuerte distensión de liga¬mentos. Fui a ver a cuatro kinesiólogos. Y le hice caso al que trabaja en el Club Gimnasia y Esgrima. Más bien, negocié: yeso no, pero inmovilizador y cama sí.
Un día entra a mi casa mi sobrino, el hijo más chico de mi hermana. Como me vio con el inmovilizador, haciendo los ejercicios de recupera¬ción, me preguntó:
-Tío, ¿a vos te pegaron dos tiros en las piernas y por eso no podés caminar?
No paré hasta averiguar quién había sido el nieto de puta que anda¬ba diciendo eso. Y lo averigüé. Resulta que mi sobrino era compañero del hijo de un empresario que se llama Julio Barone. El tipo tenía algo per¬sonal contra mí. Claro: le había ganado un contrato para transportar cañerías a Cañadón Seco.
Mi sobrino había estado en la casa de Barone y su compañero le había dicho lo de los tiros. ¿Qué hice después? Lo que tenía que hacer. Fui a la casa de Barone y pregunté. El tipo no dijo nada. Claro. Primero hablan, después arrugan. Nunca me encontré con ninguno que después de decir cualquier pavada quiera boxear. Pero el mito se agiganta. Si para comprar lo que supuestamente he comprado yo, solo en Comodoro, se necesitarían diez Cristóbal López. Ahora dicen que voy a comprar Telefé. Hagamos una cosa. Si te enterás de que voy a comprar un medio de comunicación, hacé que me pongan un chaleco de fuerza, porque significa que me volví loco.
Pero yo no empecé ayer.
En 1989 tenía 32 años. Y me convertí en el concesionario de Scania más joven del mundo. Y desde 1997 somos el número uno de la Argenti¬na. En venta y en calidad. Estamos en Chubut, en Neuquén, en Río Negro, en Santa Cruz y en Tierra del Fuego. El año pasado [2008], con crisis y todo, vendimos doscientos sesenta camiones.
¿Cuánto tiempo más me vas a preguntar sobre el tipo de relación que tengo con Kirchner?
Siento que, cuando hablo con él, no miente. Y, por mi parte, jamás le mentí. Es cierto. Tengo una relación personal. ¿Qué significa "relación personal"? Por ejemplo, cuando se enteró del accidente de mi hijo. Fue terrible, sucedió el 3 de febrero pasado, se pegó un palo con una moto. Ya está mucho mejor, pero nos asustamos mucho. Y, desde ese momen¬to, lo primero que hace cada vez que me ve es preguntarme por él. Antes que nada, me pregunta: "¿Cómo anda tu hijo más chico?".
Pero no me animaría a decir que soy amigo. Amigo no soy. Tengo la sensación de que un tipo que está en el lugar en que se encuentra él, no tiene amigos. No puede tenerlos. Porque, si no, no podría gobernar.
Yo no voy a hacer negocios con él, como van otros ni tengo aspira¬ciones ni pretendo ningún cargo político. Cuando me llama para charlar, voy como amigo. Y, si me preguntás si me siento identificado con su pro¬yecto, te digo que sí. Que yo siento por este gobierno lo que no sentí jamás por ningún otro gobierno.
No soy radical ni peronista. Tengo más amigos radicales que peronis¬tas. En 1983 voté a Raúl Alfonsín. También voté a [Eduardo César] Angeloz. En 1995 voté a [Carlos] Menem; es que habíamos comprado el mode¬lo. Después voté a [Fernando] De la Rúa. Y en 2003 voté a Kirchner.
Me dicen "El Rey del Juego", pero yo a los casinos ni siquiera entro.
También dicen que un tipo normal maneja las cosas de acuerdo con la plata que le dejan, ¿no? Entonces yo no debo de ser un tipo normal.
¿Vos querés saber cómo hice la plata?
Mi esquema es así: yo armo una empresa y busco un socio que se rompa el culo. Tengo como quince socios, pero no han puesto casi nunca una moneda. Salvo Juan Castellanos en Casino Club, el resto jamás puso plata. Lo que sí pusieron y ponen es trabajo.
Fabián de Sousa tiene el treinta por ciento de Oil M&S y jamás puso una moneda, pero se labura todo.
¿Por qué los asocio? Porque es la única manera de que se sientan bien y no me dibujen los balances. El primer socio que tuve fue a los 22 años. Se llama "Titín" Destéfani, y entonces tenía solamente 19.
Cuando yo lo conocí a Kirchner ya tenía la mayoría de mis empresas. Y ni siquiera era Almería Austral la que más facturaba. CLEAR era la número uno. Después, siempre hablando de facturación, estaban Casino Club y, más atrás Feadar, Tsuyoi, La Proveedora de la Construcción y Oli¬vares del Sol. Y ya teníamos los casinos en Comodoro, La Pampa, La Rioja, Misiones, Tierra del Fuego y Mendoza.
No. A ver si me hago entender: no es que CLEAR facturara más que todos los casinos. Es que de CLEAR yo soy el dueño. Y de Casino Club tengo solamente el treinta por ciento. Somos tres socios con el treinta por ciento cada uno: Cristóbal López, Ricardo Benedicto y Juan Castellanos. Hay uno que tiene el diez; se llama Héctor Cruz.
Vos decís que, si el corazón de mis negocios es CLEAR y el petróleo, no podes entender por qué también tengo casinos. Yo digo que es el revés. ¿Por qué no puedo tener casinos?
Nosotros manejamos los casinos como manejamos una empresa de transporte o de servicios. Hacemos lo mismo, con la misma contabilidad, la misma lógica. Y somos muy eficientes. Porque el que maneja los casi¬nos no es un improvisado: es un ingeniero. Un ingeniero que se llama Ricardo Benedicto y era gerente general para toda la Patagonia de Burgwardt, una empresa constructora de caminos y obras públicas, trabajos de urbanización, explotación minera y servicios de superficie para el sec¬tor petrolero.
¿Benedicto jugador? ¡Eso es otro invento! Además, no tiene ninguna lógica. Lo peor que podés hacer para manejar un casino es poner un gran jugador. Ricardo, más que gran jugador, era un gran perdedor, igual que yo. Porque, cada vez que íbamos al casino, perdíamos. No una fortuna, pero perdíamos.
¡Por favor! Héctor Cruz no era un represor. Era un sargento del Ejér¬cito que, junto con otros veinticinco militares, empezaron a trabajar, como una changa, en el casino. Después dejó el Ejército y se dedicó al casino a full.
Lo de las mujeres es verdad; lo de que no quería que entrara a traba¬jar ni una mujer es cierto. En Neuquén no tenía ni una sola empleada de limpieza. Pero después lo convencí. Me costó, pero lo convencí.
Igual, el que sabe cómo manejar al personal de un casino es él. Y hay que manejarlo como un ejército. O lo administrás así o te roban hasta lo que no tenés.
Pero, disculpame, ¿vos tenés idea de cómo funciona un casino?
¿Fuiste alguna vez a Sacoa? Bueno. Nosotros lo que tenemos es un Sacoa para mayores. ¿Está bien o está mal? Yo creo que está bien.
¿Quién dice que en Casino Club le prestamos plata a la gente para que siga jugando? Lo que dice el diputado [de la Coalición Cívica de La Pampa, Juan Carlos Scovenna] es mentira. ¡Si cuando entramos al barco [de Puerto Madero] lo primero que hicimos fue echar al prestamista! ¡Por favor! Es ilegal prestar o dejar que alguien les preste plata a los jugado¬res. Si viene Lotería Nacional y comprueba que presto plata, me quita la concesión.
Te digo más: se nos cayó veinte por ciento la recaudación por no pres¬tar plata. Y ese porcentaje se fue al juego clandestino. Porque el jugador de plata grande que pierde cincuenta mil dólares te pide otros cincuenta mil. Y, si vos no se los prestás, se va a otro casino, que no es el nuestro, donde hay prestamistas que se los facilitan.
Para que quede claro: te juro que no tenemos ni prestamistas ni putas ni falopa. Y para ser más claro todavía: tener casinos no es una cosa mala.
¿Así que monseñor [Jorge] Casaretto dice que los tragamonedas tra¬gan vida?
Entonces lo que tendríamos que hacer es prohibirlos en todas partes. ¿O no será que el problema de Casaretto es que Cristóbal López tiene máquinas tragamonedas en San Isidro?
Quizá Casaretto habla porque se lo mandan a decir Boldt y Codere.
Te explico: Tigre y San Fernando son parte de su diócesis y allí fun¬cionan las máquinas tragamonedas. ¿Por qué monseñor no se opuso a las que están instaladas allí? Es decir: si lo que creemos de verdad es que las tragamonedas son malas tenemos que prohibirlas en todos lados.
La pregunta honesta es si tenemos que prohibir el juego. Y mi res¬puesta es que no: si lo prohibís, al otro día explota el juego ilegal. ¿Qué tenemos en el Brasil? Juego ilegal. Un gran negocio. Y muy peligroso, ade¬más. ¿Cómo funcionaba la Ley Seca en los Estados Unidos? Generó un negocio impresionante e ilegal para cuatro tipos. Y la gente bebía igual. ¿Qué pasó en Suecia? Hasta 1989, no los dejaban tomar alcohol. ¿Qué hacían? Se subían a un barco, daban una vuelta, se emborrachaban mal, y se bajaban. Pero cumplían con la ley, ¿eh?
¿Si yo quiero vender Casino Club? Pero... ¿quién te manda a hacer¬me esa pregunta? ¿Codere? ¿Samuel Liberman? Yo no vendo nada. Ni el barco ni Palermo ni nada.
Y mal podría vender el Hipódromo Argentino de Palermo [HAPSA], porque yo no soy el dueño. Casino Club es solo el proveedor de las máquinas para HAPSA.
El dueño es Federico de Achával. Y con él firmamos un convenio pa¬ra poner las máquinas en exclusividad. Además, con De Achával, somos socios en el barco. Él compró el veinticinco por ciento. Yo adquirí otro veinticinco por ciento. ¿Qué significa esto? Que si tengo solo el treinta por ciento de Casino Club apenas me corresponde el 7,5 por ciento del barco.
También es una falacia que Kirchner haya firmado el decreto que establece una prórroga a la concesión hasta 2032 y la obligación de poner más máquinas porque quiera favorecerme.
En todo caso, eso tendrías que preguntárselo a De Achával, porque el beneficiario es él.
Y está mal hablar de más máquinas. Porque en realidad es más inver¬sión. ¿Sabés cuánto vale cada una? Veinticinco mil dólares. En la edifi¬cación [del hipódromo] llevamos gastados ochenta millones de dólares, y solo en la primera etapa. No estoy diciendo que pierdo plata. Solo digo que todavía no recuperamos la inversión. ¿Se entiende?
Ya compramos 3.250 máquinas a veinticinco mil dólares cada una. Eso suma ochenta millones de dólares. Te acabo de decir que invertimos otros ochenta millones de dólares en poner el edificio en condiciones. ¿Cuánto suma?
Ciento sesenta millones de dólares.
Un matutino publicó en su momento que los tragamonedas de Paler¬mo facturaban cuatro mil millones de pesos, más de mil millones de dóla¬res. ¿Querés saber la verdad? Debemos de andar en seiscientos millones de facturación bruta. Pero los periodistas no chequean nada. Y entonces meten la pata. ¿Cómo llegaron a semejante cifra? Porque, en vez de pre¬guntar, agarraron el contador de la máquina. El tema es así: vos en la máquina podes meter cien pesos, pero, en cada juego, la máquina te devuelve, ponele, noventa pesos. Para perder ochenta o noventa pesos tuviste que haber metido el billete en la máquina por los menos diez o quince veces. Si la pregunta es cuánto se jugó, la respuesta podría ser: veinte millones de pesos. Si la pregunta es con cuánto se quedó el casino, la respuesta es: con un millón y medio de pesos. ¿Entendés? Factu¬ramos una doceava parte de lo que marca la máquina.
Los periodistas tomaron el valor de lo que ingresa en la máquina, pero la facturación es otra cosa.
¿Querés hacer más cuentas? Ningún problema.
La facturación bruta [de HAPSA] es venta menos pago. Y hoy [mayo de 2009] debemos de estar pisando los seiscientos millones de pesos al año. De ese monto, el 35 por ciento se lo lleva Lotería Nacional. Pero no te olvides que además tenemos que pagar los sueldos de 2.800 empleados. ¡Si solo los valet parking son como cuatrocientos!
¿Cuál es la rentabilidad de este negocio? Debe de andar en un quin¬ce por ciento. Unos noventa millones de pesos. Cerca de treinta millones de dólares por año. ¿Te parece mucho? No sé si es mucho o poco. Solo sé que, para recuperar mi inversión, se necesita el 22 por ciento de la factu¬ración. No me quejo, pero todavía no tengo recupero. A fin de año, con suerte, vamos a estar equilibrados.
Tampoco te estoy diciendo que es un mal negocio. Pero no es como la gente cree. Tiene la misma rentabilidad que una concesión de peajes o una fábrica de autos. Entre un 15 y un 17 por ciento. Y estoy hablando de Palermo. Lo mejor de lo mejor.
Vos seguís insistiendo con que la prórroga es excesiva. Y yo pien¬so que no. Panamerican Energy, por ejemplo, tiene una concesión [de áreas pe¬troleras] de por vida. Tiene un mínimo de veinte años, pero con una cláu¬sula que se lo va prorrogando. ¿Sabés por qué? Porque en el negocio pe¬trolero perforás un pozo hoy y lo amortizás en diez años. Y ni Panamerican ni nadie te va a explorar un pozo de dos millones y medio de dólares para que al año siguiente venga otro y se quede con el petróleo. Lo que hacen los petroleros en todo el mundo es firmar un contrato por veinte años. Cuando les faltan diez años para terminar, no invierten más. Y cuando lo tienen que entregar, les dicen a los gobiernos: "Acá tenés el área. No queda ni una gota de petróleo".
Por eso, si el Estado no renovaba las áreas en Santa Cruz, dentro de diez años se iba a encontrar con un cementerio. ¿Entendés? Si no lo hacía, se quedaba sin producción y sin exploración. Y esto no pasa sola¬mente en Santa Cruz. En todo el mundo es igual: en Venezuela, en el Ecuador, en Arabia Saudita, en el Brasil, en Francia, en los Estados Uni¬dos o en la China.
¿Cómo qué tiene que ver el petróleo con las máquinas tragamonedas?
El casino no es lo mismo que el petróleo; pero tampoco es tan distinto.
Por ejemplo: para amortizar el negocio del Casino de Rosario vamos a necesitar treinta años. Ya invertimos doscientos millones de dólares. El gobierno quería un hotel cinco estrellas y un centro de convenciones para 2.200 personas.
Repito: acabamos de enterrar ahí doscientos millones de dólares. Entonces, si vos me querés dar un contrato por cinco o diez años, te lo tiro por la cabeza, porque la plata no la recupero más.
Con Palermo pasa exactamente lo mismo que con el Casino de Rosario.
Fue la gente de Lotería, antes que HAPSA, la que analizó la situa¬ción y entonces pidió que se instalen más máquinas en Palermo. Fue Lotería la que nos exigió que desarrollemos más el negocio. Era Lote¬ría la que hacía tiempo venía pidiéndonos que pusiéramos 1.500 máquinas más.
Incluso nos envió una nota, como si tuviésemos la obligación de hacerlo.
¿Qué hizo De Achával? ¿Qué hicieron sus abogados? Le recordaron al Estado que HAPSA tenía una demanda contra Lotería por cerca de 450 millones de pesos. Y la puso en el medio de la negociación.
El reclamo nació en 1991, cuando De Achával y sus socios, la Banca Nazionale del Lavoro, ganaron la licitación del hipódromo, con una cláu¬sula que indicaba que "la timba" podía estar solo ahí, en Palermo, y en ningún otro lado más.
A De Achával y a sus socios les fue muy bien los primeros cuatro años. Pero en cuanto se instalaron los bingos en la ciudad, Trilenium [en Tigre] y el barco [en Puerto Madero], la ecuación se les vino abajo. ¿Qué pasó entonces? A pesar de que le quedaban como veinte años de contra¬to, la Banca Nazionale del Lavoro se fue. Y De Achával, que tenía unos pocos puntos, compró todo el negocio muy barato y a pagar con mucho plazo.
Fueron años duros para el hipódromo. El negocio de los caballos se venía a pique. No se podían pagar buenos premios. Cada vez había menos caballos. Ni los sueldos se podían abonar.
Sigo. En 1998 De la Rúa firma un decreto por el que permite instalar tragamonedas en la Ciudad de Buenos Aires. Samuel Liberman pone 450 máquinas en el hipódromo, pero Lotería Nacional esgrime su potestad y se las hace quitar.
Todos sabemos que la movida para impedir la instalación de las tragamonedas en ese momento la hizo el barco [Cirsa], porque era su com¬petencia directa.
La cuestión es que al decreto de De la Rúa nadie lo derogó y De Achával siguió reclamando. Al final, fue el gobierno de [Eduardo] Duhal¬de, en 2001, el que lo habilitó para instalar las máquinas en Palermo.
Sin embargo De Achával no tenía un peso para comprar las máqui¬nas y salió a buscar un socio.
Habló primero con la gente de Cirsa. Manuel Lao le dijo que, antes de meterse en Palermo prefería vender, porque las máquinas en el hipódro¬mo afectarían el negocio del barco.
Después habló con Samuel Liberman. Tampoco funcionó. Parece que Samuel pretendía quedarse con el hipódromo. Además le tenía contadas las costillas a De Achával. No quería asociarse. Quería comprar cuando De Achával no tuviera más remedio que vender.
Al hombre se le acababa el tiempo. Hasta que un día, Néstor Galeo¬te, de la Subcomisión de Carreras, le comentó a De Achával que él cono¬cía a Benedicto, porque tenía caballos en Palermo.
-Yo conozco a un boludo del Sur que tiene casinos y tragamonedas.
Así fue que entramos nosotros. La negociación fue muy dura, aunque somos buenos socios.
Pero todavía no te aclaré lo de la prórroga, ¿no?
La demanda de Palermo contra Lotería Nacional abarcó desde 1994 hasta 2001. Son los años de perjuicio que tuvo De Achával cuando el Estado permitió habilitar otras salas de juego en su radio de acción.
La ecuación económica de HAPSA cambió a partir de 2002, con la instalación de las máquinas. Me acuerdo bien. Primero pusimos 85, por¬que temíamos que un juez las hiciera levantar. Esperamos noventa días e instalamos 850 más. Ese fue el momento en que Palermo dio el primer salto. Y los de Lotería se dieron cuenta enseguida. Claro: el 98 por cien¬to de sus ingresos corresponden a Palermo y el barco, ¿cómo no van a presionar para poner más máquinas con la expectativa de que les aumen¬te la recaudación?
Se lo pidieron a Palermo y al barco. El barco les dijo que no, porque tenía, y tiene, las 1.400 máquinas del Bingo Avellaneda a una distancia de apenas veinte cuadras.
Hasta que al final De Achával propuso:
-La única forma que tengo de otras 1.500 máquinas más es que me prorroguen el contrato por quince años.
Lotería respondió que aceptaba la prórroga, pero siempre y cuando renunciara al reclamo. ¿Te parece que le hicieron algún favor? ¿Te pare¬ce que me hicieron algún favor? ¡Renunció a un reclamo de 450 millones de pesos! ¡Y los podía ganar caminando!
¿Que la renuncia al reclamo no figura en el decreto de Kirchner? ¿Y qué? El decreto no puede detallar todas las cosas que se negocia¬ron. El decreto no dice, por ejemplo, que tuvimos que poner equipa¬miento nuevo. Además, el eje de la cuestión, y tu pregunta, es si está bien o mal prorrogado.
Por favor... Solá prorrogó los bingos y nadie dijo nada. ¡Les renovó a todos los bingos de la provincia de Buenos Aires! ¿Qué tiene que ver lo del canon adelantado? ¿Quién vio la plata adelantada? ¿Quién? ¿Vos la viste?
Solá es un crápula. No tiene vergüenza. Blanqueó las máquinas tragamonedas de la provincia, que estaban instaladas en forma ilegal.
Lo que habilitó Solá eran bingos de cartón. Solo tuvo que armar una ley para blanquear las siete mil máquinas tragamonedas que hay en la provincia. Después mandó un decreto donde prorrogó los contratos a cambio del anticipo del canon. ¿Te fijaste cuánto los obligaba a pagar de canon? ¡Era un chiste!
Y creo que [Daniel] Scioli va a terminar haciendo lo mismo. Porque no se está bancando la presión de Codere y compañía. Porque el que está operando fuerte en el tema del juego es Codere.
Hay pelotudos que se comieron [el amague de] que voy a entrar en la provincia de Buenos Aires. Y yo voy a entrar en la provincia solo si llaman a licitación.
Mirá, cuando me dicen palo blanco, socio o testaferro, yo les cuento a mis amigos esta anécdota.
Era el 15 de diciembre de 2007. Pleno escándalo por el tema del barco en Puerto Madero. Hacía cinco días que [Kirchner] había dejado de ser Presidente. Apenas me dijo "hola", ahí nomás me preguntó:
-Che, ¿qué tenés que ver vos con el casino ese que está en el barco?
-Néstor, lo compramos hace seis meses. ¿No te lo había contado?
-Ah, bueno -me dijo. Y cortó, como hace siempre.
Hacía cinco o seis meses que lo había comprado y él no se había enterado. ¿Y por qué no se había enterado? Porque los que están alre¬dedor, y podrían contarle, seguro habrán pensado: "No, qué le voy a contar, si este tiene que saber". ¿Sabés la cantidad de cosas que no me entero sobre mis empresas porque todos suponen, de antemano, que tengo que saberlas?
Parte del diálogo que te contaron con un político en el aeropuerto de Rosario es cierto. Es cierto que yo a él [a Kirchner] no lo consulté [sobre si presentarse o no a la licitación del Casino de Rosario]. Si yo le llegaba a consultar a él por la licitación de Rosario, corría el riego de que me dijese:
-No te metás.
Porque era una decisión de la provincia [de Santa Fe]. Y si el [gober¬nador] de la provincia lo llamaba y le decía "sacame a ese", corría el ries¬go de perder la oportunidad. Pero en la provincia creían que yo era Kirch¬ner. Entonces me abrieron la puerta.
Y sí. Es así. Ellos [en Santa Fe] todavía creen que soy [un hombre de Kirchner]. Ojo: yo jamás dije "soy" o "él es mi amigo". Pero algunos inter¬pretan que soy "palo blanco". Y en este caso me vino bien.
Vos sabés cómo es esto.
Todo el mundo dice que me conoce. Y que sabe de millones de histo¬rias sobre Cristóbal López.
Si todas fueran ciertas, habría como dos mil Cristóbal López.
Pero la verdad es que nadie me conoce. Y, sin embargo hay mucha gente que vive hablando de mí.
Una vez, hace unos años, volvía de Buenos Aires a Comodoro, en el avión de línea de siempre.
En esa época no había clase ejecutiva.
Me tocó una fila de tres: uno en la ventanilla, otro en el medio, y yo en el pasillo.
Ni bien el avión remontó vuelo, uno le dijo al otro:
-Voy a Comodoro a ver a Cristóbal López.
Juro que no tenía agendada ninguna reunión con él. Pero giré la cabe¬za, lo miré fijo y enseguida me di cuenta de que lo estaba inventando. Enseguida, el otro le respondió:
-Ah. Si necesitás algo, avísame: ¡Lo conozco de toda la vida!
Mi sorpresa fue tremenda... porque tampoco lo conocía.
-Bueno, si llego a tener algún problema, te aviso.
-Claro: llamame, que yo te lo soluciono. ¡Si Cristóbal es amigo mío!
Opté por empezar a dormir, porque el vuelo duraba como dos horas y media. Cuando me desperté, el avión estaba aterrizando y los dos tipos... ¡seguían hablando de mí! Entonces saqué la cédula del bolsillo de atrás del pantalón, se la puse enfrente y les grité:
-¿Ustedes saben leer? ¡Entonces lean lo que dice acá!
Leyeron, agacharon la cabeza y no hablaron más.