lunes, 27 de septiembre de 2010

El Dueño de Luis Majul CUARTA PARTE: LOS ESKENAZI

1 "NO SOMOS TODOS LO MISMO"
A los Eskenazi los acompaña un sabor agridulce. Sienten que llega¬ron a lo máximo al comprar una parte de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), la empresa más grande, poderosa y de mayor facturación de la Argentina, pero, a la vez, se lamentan porque otros hombres de negocios y una buena parte de la sociedad los miran con desconfianza.
A pesar de todo, no reniegan de su buena relación con el ex presi¬dente. Dos semanas después de la primera derrota electoral de la vida de Kirchner, Eskenazi aceptó que lo sigue admirando:
-Me sentiría deshonesto si le dijera: "Lo respeté y lo admiré". Mejor ponga que a Kirchner lo respeto y lo admiro -me dijo, al final de la entre¬vista, en julio de 2009, mientras hacía esperar unos minutos al presiden¬te de YPF, Antonio Brufau, quien acababa de llegar desde Madrid.
El patriarca Enrique Eskenazi no niega su vínculo con el poder, pero lo embarga la tristeza cuando lo comparan con otros empresarios K como Cristóbal López, Lázaro Báez o Rudy Ulloa:
-¿Qué tengo que ver yo con esas personas? ¿Nadie se toma el tra¬bajo de analizar de dónde vienen ellos y desde dónde venimos nos¬otros? -les pregunta, cada tanto, a sus hijos y sus asesores.
Enrique Eskenazi, 84 años, Libreta de Enrolamiento 3.171.746, nacido en la provincia de Santa Fe, ingeniero químico recibido en la Universidad Nacional del Litoral, es, en efecto, un empresario distin¬to a la mayoría.
Judío sefardita, hizo la primaria en la escuela pública número cinco, Vicente López y Planes, de la ciudad de Santa Fe.
El 28 de julio de 2007, casi setenta años después de terminar la pri¬maria, donó a la escuela una sala de computación completa, a la que denominaron Aula Digital.
-La doné porque fue mi primera escuela. Y porque estoy agradecido por la educación que recibí.
Presidente de la Asociación Judío Sefardí de la provincia de Santa Fe, sus padres están enterrados en el cementerio de la provincia, uno de los espacios públicos que aquella ayuda a cuidar.
Aunque parezca mentira, Enrique Eskenazi fue socialista, y lo metie¬ron preso ni bien ingresó en la universidad.
Tenía solo 17 años y cursaba primer año cuando fue designado líder de un grupo reformista que defendía la permanencia de los profesores demo¬cráticos de la facultad. El interventor de la época lo mandó llamar y le preguntó si había firmado una nota contra él. Eskenazi confesó y tuvo que soportar cuatro meses en la cárcel. Había terminado de caer Ramón Cas¬tillo, el vicepresidente de Roberto Ortiz. Pronto Juan Domingo Perón asu¬miría el poder.
Obsesivo del estudio y del trabajo, Enrique conoció a su esposa, Sylvia Storey, recién a los 31 años. Sucedió en Buenos Aires. Fue amor a prime¬ra vista. Y no se separaron más.
Sylvia, hija de madre alemana y padre diplomático inglés, vivía en Detroit, Estados Unidos. Y Enrique regresaba de Chicago, donde había pasado los dos últimos años de su vida, enviado por Bunge & Born para perfeccionar sus conocimientos en la industria de la alimentación.
Ella es católica y respeta los símbolos y los dogmas de la religión. Él no.
-Rompí los parámetros familiares, pero valió la pena -recordó ante el autor de este libro.
Enrique y Sylvia tuvieron cinco hijos: Esteban, Ezequiel, Sebastián, Matías y Valeria. Todos, menos el mayor, Esteban, consideran a su padre "el comandante en jefe".
Esteban no forma parte del grupo.
Disputó con Sebastián el control efectivo de la empresa familiar.
El padre falló a favor de Sebastián, y Esteban se fue por las suyas a manejar una empresa de tableros electrónicos llamada Storey SA.
Ezequiel, 48 años, Documento Nacional de Identidad 14.156.036, es el bohemio de la familia. Actor, participó, hace años, en la obra Marilú, en el San Martín. También le dieron un papel coprotagónico en la película Highlander.
Ahora maneja la bodega familiar.
Sebastián es el heredero y conductor efectivo de todos los negocios familiares. Más adelante se explicará por qué.
Matías, Documento Nacional de Identidad 20.383.823, 41 años, es, de los hermanos, el de más bajo perfil. Comparte formalmente el poder con Sebastián, pero, en la práctica, antes de decidir lo consulta en todo.
Valeria, la más mimada, no forma parte del grupo por decisión propia.
Enrique Eskenazi tenía su vida hecha cuando un golpe de suerte y oportunismo cambió su vida para siempre.
Fue durante 1979. Ya había cumplido los 55 años. Ya había viajado por todo el mundo y había realizado todos los cursos de posgrado que le habían permitido el tiempo y los accionistas de B&B. Formaba parte del directorio de Matarazzo. Había fundado la Cámara Argentina de los Empresarios de la Alimentación. Tenía chofer propio y un poder de deci¬sión considerable.
El suceso que transformó su carrera tuvo lugar en la sala de terapia de grupo que compartía con otros empresarios afectados por la ola de secuestros. Ya habían sido raptados los hermanos Juan y Jorge Born. Eske¬nazi y sus colegas se preguntaban cuándo les tocaría a ellos.
En ese ámbito conoció a Carlos Alberto Petersen, accionista mayoritario de Petersen, Thiele & Cruz, una de las constructoras más antiguas e importantes de la Argentina.
-Quiero que entres al directorio de la empresa antes de que se funda -le pidió Petersen a su amigo.
Eskenazi, antes de responder, revisó los últimos tres balances. Hizo un diagnóstico preciso y brutal.
-Tenía dos millones de pesos en los bancos, pero estaban perdiendo todo el capital de trabajo. Tomaban préstamos en dólares, pero los pisos y las obras se vendían y se cobraban en pesos. Trabajaban con demasiado personal y gastaban muchísimo dinero. Además tenían el mayor problema que se estudia en los manuales de las empresas familiares.
-¿Cuál?
-El síndrome de la tercera generación. La primera crea la empresa. La segunda la mantiene y además la hace crecer. La tercera se abre tanto, que la empresa familiar termina cayéndose. A Petersen se le empezaban a morir los accionistas. Y muchos herederos se querían abrir. Recuerdo, por ejemplo, que Carlos Petersen, el ex jugador de Los Pumas, decía, por esa época: "Yo me voy a vivir a Bariloche. Esto no es para mí".
Eskenazi tomó las riendas del directorio en 1980. Lo primero que hizo fue mudar las enormes oficinas de novecientos metros cuadrados cada una, divididas en dos pisos, que estaban en Alem 986, enfrente del Sheraton, en el barrio de Retiro. Las cambió por unas más pequeñas y más bara¬tas, sobre la calle Viamonte, a metros del Teatro Colón.
Enseguida le cedieron el cinco por ciento de las acciones. Más tarde se presentó en convocatoria de acreedores. Para 1982, ya era el socio mayoritario de una empresa saneada y en franco crecimiento.
—No fue algo que yo haya buscado. Fueron las circunstancias las que me obligaron a hacerlo -se atajó.
Sebastián Eskenazi, su tercer hijo, principal heredero, estuvo presen¬te durante la primera parte de la conversación para este trabajo. En ese momento, creyó necesario aclarar:
-Mi padre, para levantar Petersen, puso todo lo que había ahorrado durante sus mejores años en Bunge & Born.
Fuentes muy seguras contaron que, durante todo el proceso que cul¬minó con el control de Petersen, uno de los abogados externos de la ope¬ración fue Roberto Dromi.
Dromi, funcionario de la intendencia de Mendoza durante la última etapa de la dictadura, era además vecino de Eskenazi en Highland Park.
Ubicado en Pilar, a la altura del kilómetro 42,5, el country tiene uno de los mejores accesos desde la ciudad, por la Autopista del Sol.
Fue fundado en 1948. Son 262 hectáreas con novecientos lotes de entre ochocientos y 3.500 metros cuadrados. Su nombre se debe a que está en una zona de tierras elevadas. Tiene árboles fuertes y añosos, como robles, nogales y eucaliptos. Lo atraviesa un arroyo llamado Pinazo.
Dos piletas, una cancha de golf para dieciocho hoyos, diecinueve can¬chas de tenis, una pista para saltos de equitación, caballerizas propias, dos gimnasios, varias canchas de fútbol, de básquet y de vóley, spa, baño sauna, finlandés, sala de masajes y relax son algunos de los servicios que ofrece una de las urbanizaciones más completas y más caras de toda la Repúbli¬ca Argentina.
Casi una década más tarde, Eskenazi le devolvería a Dromi los servi¬cios prestados para quedarse con Petersen. Cómo: integrando el consejo de empresarios en apoyo de las privatizaciones.
En esa época, Dromi era ministro de Obras y Servicios Públicos del presidente Carlos Menem. Ambos se veían por lo menos dos veces por semana.
Dromi no era el único vecino del country con poder.
También estaba Carlos Vladimiro Corach.
Secretario general, primero, y ministro del Interior, después, Corach supo manejar miles de millones de dólares en el apogeo de negocios del menemismo.
Dos de los más polémicos fueron las obras que licitó junto a la Corpo¬ración Antiguo Puerto Madero, y la entrega de los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN).
Uno de los hermanos de Carlos Corach, Jorge Eduardo Corach, fue director de la Corporación Antiguo Puerto Madero. Desde ese puesto, tuvo el poder para decidir sobre los contratos de obras y concesiones. Algunas se otorgaban por licitación; otras, sin concurso y por contrata¬ción directa. Por los menos dos de las más importantes fueron ganadas por Petersen Construcciones. La discrecionalidad en la cesión de ATN fue un verdadero escándalo. La investigación que sirvió para probarlo no tuvo más repercusión porque fue tapada en el medio de la crisis económica más grave de la historia del país. Había terminado de caer Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde ya le había puesto fecha de vencimiento a su gestión como Presidente.
Los ATN, por ley, solo debían ser destinados para situaciones de emergencia o desequilibrios financieros de los gobiernos provinciales. El Minis¬terio del Interior debía entregar a los gobernadores las partidas para que estas, luego, se giraran a las intendencias.
En mayo de 2002 la comisión parlamentaria que investigó el uso de los ATN llegó a conclusiones lapidarias.
Estas son algunas de las más increíbles:

* Entre 1990 y 2001 se gastaron casi 2.900 millones de dólares en Adelantos del Tesoro Nacional.
* De ese total, solo el 51 por ciento fue asignado de acuerdo con la norma legal. No fueron otorgados solo a provincias y munici¬pios, sino a clubes de fútbol y personas físicas, y siempre en base a una cercanía partidaria o un interés particular.
* Bajo el gobierno de Menem, La Rioja recibió el 32 por ciento del total de ATN. Representaban el 15 por ciento del presupuesto anual de la provincia.
* Se denunció a un ex funcionario de la presidencia de Menem, Roberto Silva Leyes, por coimero. Según Graciela Ocaña, quien entonces impulsó la investigación, cobraba el treinta por ciento de retorno por intervenir en la asignación de fondos.

Si las irregularidades no estuvieran documentadas, se las podría con¬fundir con escenas de una comedia sobre el ejercicio del poder y la corrupción en la Argentina. Es importante detenerse en algunas porque sirven para reconstruir el clima de impunidad de la época. Se usaron ATN para:

* asfaltar la entrada del country Highland, donde pasaban sus fines de semana Corach, Eskenazi y Dromi;
* comprar trajes de granaderos para un desfile del 9 de Julio;
* desviar recursos a una escuela de Ushuaia, de la cual solo se construyeron los cimientos;
* financiar una carrera de motonáutica;
* subsidiar a entidades eclesiásticas, sin marco legal alguno;
* mantener al Programa Federal de Militancia Social (PROFEMISO), un proyecto destinado a dirigentes jóvenes cuyo responsable era Natalio Andrés Corach, hijo del ministro del Interior.

Algunos pedidos de ATN eran disparatados.
El fallecido senador nacional Deolindo Felipe Bittel, solicitó cien mil dólares para varios municipios de Chaco. En el memorando le escribió a un funcionario del Ministerio del Interior:
"Tener en cuenta que no debe olvidarse Presidente Roca, y en la medi¬da de lo posible, reducir el monto de La Leonesa, cuyo intendente es hijo de la traición".
Sergio Urribarri, entonces diputado nacional, pidió cuarenta mil dóla¬res para la Liga Concordiense de Fútbol.
Dulce Granados, esposa del actual intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, solicitó 15.000 dólares para la Fundación Dulce Esperanza. El teléfono de la fundación era el mismo que el del restaurante El Man¬grullo.
El entonces intendente municipal de General Lamadrid, Calos Peris¬ta, pidió treinta mil dólares para comprar un colectivo. Su argumento: tenía que trasladar a veinticinco jóvenes de la localidad de El Líbano hasta su mu¬nicipio para asistir a un acto que presidiría Menem.
Al pedir doscientos mil dólares para poner ripio al circuito histórico de las colonias judías en la provincia de Chaco, los funcionarios propusie¬ron bautizarlo con el nombre de Carlos Vladimiro Corach.
El caso del municipio de Monte Quemado, en Santiago del Estero, es desopilante.
Interior había entregado siete millones de dólares para una obra de infraestructura vial y drenajes pluviales. El diputado provincial Carlos David empezó a investigar. Y enseguida descubrió que el secretario municipal de Monte Quemado, Jorge Víctor Torres, había realizado onerosos depósitos bancarios a favor del sospechoso Roberto Silva Leyes.
"Cada vez que el municipio recibía un ATN, se le transfería dinero a Silva Leyes", escribió David en su denuncia.
En 1996, el Ministerio del Interior giró a la provincia de Buenos Aires 260.000 dólares para que los usara la Municipalidad de Pilar. No fue para hacer cloacas. Se los destinó a la ampliación del asfaltado de la calle Los Jazmines, desde la ruta provincial 26 en dirección al Highland Park, el country donde descansaban Corach, Dromi y Eskenazi.
Responde un asesor de los Eskenazi:
-Lo del asfalto del Highland es una boludez. Te lo explico sencillo. Los Eskenazi no tuvieron nada que ver con los ATN. Que alguien nos relacione con esto es no conocer a la familia Eskenazi.
El 28 de octubre de 1996, el abogado Ricardo Monner Sans denunció al ministro del Interior Corach por transferir directamente, sin pasar por la gobernación de la provincia, dos millones y medio de dólares a la Muni¬cipalidad de San Juan.
Monner Sans destacó que San Juan era la provincia más beneficiada por los ATN, después de La Rioja.
Diego Seguí, entonces concejal radical, radicó la demanda ante el Tri¬bunal de Cuentas de la provincia.
Además de cuestionar la transferencia directa, Seguí denunció que el monto adjudicado era exorbitante para la obra en cuestión. Se trataba de la remodelación de cinco plazas y del Parque de Mayo. Seguí también afir¬mó que la licitación había sido "direccionada" para que perdieran todas las empresas que se presentaron, menos una: Mantenimientos y Servicios SA, del Grupo Petersen.
La partida original de ATN no alcanzó. El Grupo Petersen necesitó setecientos mil dólares más para remodelar todo. Además, la compañía siguió cobrando 102.000 dólares por mes, más el Impuesto al Valor Agre¬gado, en concepto de mantenimiento de las plazas y el parque.
El asesor de Eskenazi se defiende:
-Corach entregaba los ATN a las provincias. Y las provincias las gira¬ban a los municipios. Pensar que un ministro del Interior le va a decir a un gobernador peronista a qué empresa debe contratar es no comprender al peronismo.
-¿Por qué lo dice?
-Porque eso es "potestad" del gobernador. Lázaro Báez puede cons¬truir en Santa Cruz, pero no en Córdoba. En todo caso, Córdoba sería de Electroingeniería -completó.
El 27 de agosto de 1999, la revista Ojo Periodismo informó que Tierra del Fuego había recibido siete millones de dólares, en concepto de ATN. Los necesitaban para financiar la construcción del aeropuerto. La publi¬cación agregó que por lo menos un hangar iba a ser realizado por Peter¬sen, Thiele & Cruz.
Sebastián Eskenazi, en diálogo con el autor, lo negó de manera terminante:
-Nunca recibimos ningún ATN de Corach.
-¿Y el del hangar en Tierra del Fuego?
-¿Cuánta plata tenés encima? Te juego plata a que no es cierto. Nunca recibimos en forma directa ningún ATN.
-¿Conoce a Corach?
-Mi padre lo conoce de Highland. Es una familia amiga de la infan¬cia. Y yo a los hijos de Corach los conozco de cuando éramos chicos. Es gente amiga, pero, repito, jamás recibimos un ATN por parte de Corach.
-¿Y cuál es la verdad sobre el departamento del edificio Kavanagh que estaba a nombre de su hermano Ezequiel? -le pregunté enseguida.
-Ahí vive Ezequiel. Salvo que mi hermano lo haya escondido a Corach en algún rincón, nadie que no sea Ezequiel y su familia vive allí.
La historia fue revelada por el periodista Marcelo Zlotogwiazda, en la revista veintiuno, a fines de 1999.
El departamento del Kavanagh está en el decimotercer piso, letra B. Fue adquirido por Ezequiel Eskenazi Storey, a cambio de 550.000 dólares. Se lo compró a Víctor Gabriel Morgenstern, un empresario de la industria del cuero. Zloto preguntó entonces a Sebastián por el departamento.
-Lo compró mi hermano Ezequiel -contestó.
-Pero en el boleto de compra venta dice que lo compró en comisión para otra persona.
-Lo que pasó es que cuando firmamos el boleto no sabíamos si con¬venía ponerlo a nombre de Ezequiel o de Petersen, Thiele & Cruz.
Zloto ya sabía que el 23 de diciembre de 1999 María Cecilia Santa Cruz, secretaria privada de Corach, había estado en el departamento y había negociado quedarse con la iluminación del jacuzzi y otros catorce artefactos a cambio de 37.000 dólares. Por eso volvió a la carga ante Sebastián.
-¿Conoce a María Cecilia Santa Cruz?
-Claro. De haberla visto en la privada del ministro.
-¿Ezequiel la conoce?
-Para nada.
-¿Cómo se explica que Santa Cruz haya ido a ver el departamento como si fuera de ella, hasta el punto de que decidió pagar 37.000 dólares adicionales por una serie de cosas que eran del dueño anterior?
-Si es así, no tengo explicación.
-¿Podría decirse que Ezequiel actúa como testaferro?
-Es un disparate.
-Entonces, ¿cómo se explica?
-No lo sé... Si yo fuera periodista, pensaría lo mismo. Pero va a ver que cuando mi hermano vuelva de Tailandia va a venir a vivir aquí. Eske¬nazi le pidió a Zloto que, después del regreso de Ezequiel, corrigiera la información. Pero el periodista interpretó que se trataba de un pedido absurdo porque, a partir de la publicación de la nota, Santa Cruz no se atrevería a usar ese departamento.
De cualquier manera, Ezequiel Eskenazi vivió en el departamento 13 B del Kavanagh desde que volvió de ese viaje hasta 2009. Y Santa Cruz no pudo ser localizada por ningún periodista.
A Sebastián Eskenazi, uno de los hombres de negocios más discretos que haya conocido, no le gustan este tipo de versiones, van contra su pro¬pia naturaleza de hombre reservado, incapaz de revelar un secreto o de ventilar información sensible.
Muchos suponen que no debe de haber otra persona, además del pro¬pio Kirchner, que haya sabido tanto del derrotero de los fondos de Santa Cruz como el CEO de YPF.
-Los fondos de Santa Cruz están ahora en el Banco Nación y jamás pasaron por nuestro banco -juró en la entrevista que concedió para el libro.
Cuarenta y seis años, divorciado, tres hijos, Documento Nacional de Identidad 16.674.074, piloto de avión, fanático de las motos, en pareja con la conductora y panelista Analía Franchín, íntimo amigo de Jorge "Cor¬cho" Rodríguez, discreto y austero, Sebastián es, en los hechos, quien maneja el Grupo Petersen y conduce todos los días YPF.
Su padre confía en él más que en cualquier otra persona.
-Sebastián es un fuera de serie -dijo, para distinguirlo, cuando se le pidió una definición sobre cada uno de sus hijos.
De modales diplomáticos pero carácter enérgico, Sebastián tiene una debilidad manifiesta: sería capaz de cualquier cosa con tal de ahorrarle un mal momento a su padre.
-A mí preguntame lo que quieras, y de la manera que te venga mejor. Pero a mi padre no le salgas con tonterías. Ni le corresponde ni se lo merece -advirtió.
Sebastián empezó a trabajar con su padre a los 20 años, cuando se hicieron cargo de Petersen, Thiele & Cruz e iniciaron la construcción de Los Penitentes, un centro de esquí en Mendoza que casi los lleva a la quiebra.
También participó de las negociaciones que significaron el ingreso al corazón del negocio del grupo, más allá de YPF: los bancos y las finanzas.
-Nosotros nos hicimos banqueros no por decisión propia, sino para proteger nuestro patrimonio -explicaron, casi con las mismas palabras, Enrique y Sebastián.
Todo comenzó a fines de la década de los ochenta en la provincia de San Juan. Raúl Alfonsín ocupaba la Presidencia. La situación financiera era explosiva. El gobierno había dejado de pagar a la mayoría de sus pro¬veedores, incluidos los empresarios de la obra pública.
Eskenazi había ganado una licitación para hacer Aramburu, el barrio más importante de San Juan. Tenían previsto levantar catorce mil casas. Pero Petersen, Thiele & Cruz no tenía espaldas para aguantar el pago dife¬rido. Entonces fue a ver a Nélida Martín, presidente del Banco de San Juan, para pedirle un crédito contra los certificados de obra que todavía no le pagaba el Estado nacional.
-Está bien. Pero si usted no me devuelve la plata lo ejecuto -le advir¬tió Martín. Eskenazi jura que ambos cumplieron. Y que el vínculo se for¬taleció, como sucede en el medio de las crisis.
Ocho años después, la contadora Martín fue designada ministra de Hacienda y Finanzas del gobernador Jorge Escobar. A los pocos meses, llamó a Eskenazi y le dijo:
-El Banco de San Juan no va más. O lo cerramos o lo vendemos.
Enseguida le pidió que la conectara con un par de bancos extranje¬ros. Las entidades se mostraron poco interesadas. A los pocos meses, Mar¬tín fue más a fondo:
-El banco se cae. ¿Por qué no organiza un grupo y se hace cargo usted? Yo le voy a presentar a alguien que puede darle una mano.
Entonces Martín conectó a Eskenazi con Raúl Francisco Capatano.
Capatano, Documento Nacional de Identidad 11.680.527, licenciado en Administración y Técnica de la Pontificia Universidad Católica Argen¬tina de Mendoza, lo volvió loco durante un año.
-Me persiguió hasta que me convenció. Nos hicimos cargo con la gente de Piano y otros socios. Pero nuestro comienzo fue desastroso. Casi nos fundimos -recordó Enrique.
Los Eskenazi empezaron manejando el 19 por ciento de la parte pri¬vada y, a partir de sucesivas capitalizaciones, terminaron quedándose con casi todo.
Los políticos de la oposición cuentan una historia diferente.
El Banco de San Juan se privatizó el 1o de noviembre de 1996.
Daniel Illanes, de la Concertación Izquierda Popular, sostiene que se hizo después de que la provincia aceptara asumir un pasivo descomunal, calculado en 250 millones de dólares.
Illanes afirma que en un momento alguien extravió los documen¬tos de la deuda, y que todavía no se sabe quiénes son los más grandes deudores.
La diputada nacional por la Unión Cívica Radical Delia Papano confirmó parte de lo que dijo Illanes:
-El gobierno tomó la cartera de morosos y les entregó a los empre¬sarios el banco saneado.
Pero Papano no responsabiliza a los Eskenazi, sino al gobierno de turno.
El asesor jurídico del Banco de San Juan fue hasta hace poco Elías Jassan, ex ministro de Justicia del gobierno de Menem. Jassan tuvo que renunciar al ministerio al admitir que conoció a Alfredo Yabrán, el empre¬sario que mandó matar al fotógrafo José Luis Cabezas.
-Sí, nosotros lo contratamos a Jassan. Y no estamos arrepentidos. Es un brillante abogado y una muy buena persona. Manejó, como abogado, la parte corporativa del banco. La relación siempre fue profesional, no política, y demostró ser una persona muy leal -admitió Sebastián.
Cuando todavía no se terminaban de acomodar en el Banco de San Juan, Capatano llevó a Enrique Eskenazi hasta el despacho del goberna¬dor de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
Fue en 1996. El contexto era el mismo que dominaba la economía de San Juan. Enrique Eskenazi lo recuerda así:
-Nosotros no queríamos saber nada. Los gobiernos te tiraban los ban¬cos por la cabeza porque estaban fundidos.
El gobernador fue directo. Ya en esa época, hablaba de los bienes del Estado como si fueran suyos:
—Ya llevo perdidos noventa millones de dólares. Y no quiero perder un peso más. ¿Por qué no se presenta a la licitación?
-¿Cuáles serían las condiciones? -preguntó el empresario.
-Que me mantenga el número de empleados.
Eskenazi dice que Néstor anotó el número de su celular. Dos años después ganaron la licitación y se quedaron con el 51 por ciento de las acciones por el módico precio de diez millones de dólares.
Eskenazi afirma que, el día que le entregaron el Banco de Santa Cruz, estaban en Río Gallegos los hombres más importantes de la provincia.
También recuerda que había una orquesta y que, antes de firmar el libro donde se registró la entrega, apareció Kirchner por detrás y le preguntó:
-¿Usted qué piensa hacer con este banco?
-En dos años lo voy a hacer auditar por una empresa internacional. Y le prometo que lo voy a llevar a una calificación cercana al rango A.
-Eso espero.
-Así será. Siempre y cuando usted no intervenga -completó el ban¬quero.
Eskenazi jura que, veinticinco meses después, recibió el informe de la calificadora. De inmediato lo llamó por teléfono a Kirchner y le dijo, feliz:
-El banco está en el rango A. He cumplido.
Parece que el gobernador lo interpretó de una manera extraña, por¬que le respondió, desafiante:
-Ingeniero: yo también cumplí, porque no me metí en el banco para nada.
Y acto seguido le cortó la comunicación.
La historia de la privatización del Banco de Santa Cruz que cuenta la oposición política es menos naif. (Véase Primera Parte: El verdadero Kirch¬ner. Capítulo 1: "La venganza del boludo").
El diputado provincial de Santa Cruz por la Unión Cívica Radical Roberto Giubetich hizo para esta investigación una síntesis de su denuncia:
Lo compraron por apenas diez millones de dólares después de un pro¬ceso de vaciamiento que lo dejó con una cartera de deudores de 160 millo¬nes. Además, para los Eskenazi, resultó un negocio redondo: manejan el sueldo de la administración pública, el pago a proveedores, la coparticipa¬ción federal y el pago a los municipios.
El primero de febrero de 2007 el entonces ministro de Economía, Juan Bontempo, cedió al Banco de Santa Cruz el negocio de la liquidación de los haberes de los agentes públicos activos y pasivos.
Bontempo integró el directorio del banco hasta agosto de 2009, cuan¬do Kirchner le dio la orden de renunciar en medio de fuertes críticas al gobernador Daniel Peralta.
El decreto significó trasladar a la entidad la liquidación de haberes y los descuentos y aportes a los 53.000 empleados públicos.
Se trata de un servicio que antes ejecutaba la provincia, con recursos humanos y materiales propios, mediante su departamento de informática y con un costo aproximado de 450.000 pesos. Pero a partir de diciembre de 2007, la provincia empezó a pagar más del doble: exactamente un millón de pesos por mes.
Un periodista de la agencia OPI Santa Cruz interpretó que la administración del banco posee todos los datos personales de los empleados públicos, incluso aquellos que pueden ser considerados sensibles.
El 17 de setiembre de 2003, cuatro meses después de la asunción de Kirchner como Presidente, el Grupo Petersen se quedó con la más gran¬de de todas las entidades financieras que posee hasta el momento: el Nuevo Banco de Santa Fe.
Para ser precisos, hay que decir que la licitación fue ganada por los Eskenazi durante el gobierno de Eduardo Duhalde.
Todo comenzó en 1998, cuando el gobernador Jorge Obeid lo privatizó y asumió el control del Banco General de Negocios, propiedad de los hermanos Carlos y José Rohm.
Poco después, los Rohm fueron acusados de utilizar los bancos para lavar el dinero de las coimas del caso IBM-Banco Nación.
En febrero de 2002, José Rohm confesó a sus socios de la JP Morgan, Credit Suisse, First Boston y Dresdner Bank que su hermano Carlos se había llevado 250 millones de dólares del banco en obligaciones negocia¬bles. De inmediato, los socios retiraron 119 millones de dólares del Banco de Negocios, lo que provocó el default del Banco de Santa Fe.
El 18 de febrero de 2002 Carlos Rohm quedó detenido. Recuperaría su libertad recién en marzo de 2005, después de pagar una fianza de un millón de pesos.
En abril del mismo año un fideicomiso administrado por el banco ABN-AMRO se hizo cargo del Banco de Santa Fe y llamó a concurso.
En junio se llamó a una primera licitación, pero el Banco Central no aceptó la propuesta de ninguno de los seis bancos que se presentaron.
El 11 de abril de 2003 el Banco de San Juan, de los Eskenazi, presen¬tó la mejor oferta económica: 133 millones de pesos. Sus competidores fueron La Caja, con una oferta de 78 millones; Banex, con 57 millones y Comafi y Macro-Bansud con 56 millones.
Todo parecía marchar sobre rieles cuando el Banco Central, presidido por Alfonso Prat-Gay, analizó la oferta y comunicó al Grupo Petersen que en esas condiciones no podían hacerse cargo del banco.
Como los Eskenazi no iban a poner los 133 millones de dólares sobre la mesa, el Banco Central les impuso las siguientes condiciones:

* Que entregaran, en vez del efectivo, obligaciones negociables en plazos considerados breves.
* Que en el caso de no terminar de presentar en el plazo estipulado las obligaciones negociables, se fusionaran con el Banco de San Juan, para sostener la operación.

En el medio de las tensas negociaciones, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le solicitó a Prat-Gay que recibiera a Sebastián Eskenazi.
Prat-Gay lo hizo. Lo esperó a la hora señalada en su despacho. Rígi¬do y formal, el presidente del Banco Central no estaba dispuesto a ceder ante presión alguna. Pero Eskenazi lo descolocó:
-Solo vengo a presentarme. A decirte quién soy.
Prat-Gay jura que en ningún momento le habló de su problema con el Banco de Santa Fe.
-Supongo que su estrategia fue demostrarme que él no venía de la mano de Kirchner -interpretó ante un amigo el ahora diputado nacional electo por la Coalición Cívica.
Al final, el Banco Central le dio luz verde al Banco de San Juan para comprar el 93 por ciento del Banco de Santa Fe. Lo decidieron sus direc¬tores, en votación dividida. Dos de ellos, Arturo O'Connell y Augusto Magliano, votaron en contra de darle el banco a la familia Eskenazi. Lo consideraban casi un regalo.
Perdieron.
Desde el principio, toda la transacción estuvo sospechada. Uno de los más duros opositores a la adquisición fue el diputado nacional por el socialismo de Santa Fe Carlos Iparraguirre. El legislador, primero, se preguntó:
-¿Cómo puede ser que el Banco de San Juan se quede, sin poner un peso, con un banco siete veces mayor?
En aquel entonces, el Banco de San Juan poseía activos por 380 millones de pesos y contaba con trescientos empleados públicos, dis¬tribuidos en sucursales. Al mismo tiempo, el Nuevo Banco de Santa Fe tenía 2.250 millones de pesos en activos, y 1.930 empleados repartidos en 125 sucursales.
Iparraguirre, además, denunció:
-Han habido fuertes presiones políticas para autorizar esta operación.
Enseguida explicó:
-El Banco de San Juan garantiza el dinero de los depositantes de ese banco. No puede entonces, con el mismo patrimonio, comprar otro banco, y ofreciendo más del doble de lo que vale el más chico.
Al final ejemplificó:
-Es como si una mojarrita se comiera a una ballena.
Dos años después, la mojarrita y la ballena, juntas, fueron en busca de un tiburón: el Nuevo Banco de Entre Ríos.
El Nuevo Banco de Santa Fe lo adquirió el 24 de agosto de 2005.
Con motivo de la operación, el gobernador Jorge Busti y la fiscal de Estado Claudia Mizawak fueron acusados en su momento por dos dipu¬tados provinciales. Los cargos: fraude en perjuicio de la administración pública e incumplimiento de los deberes de funcionario.
Los diputados provinciales se llaman Antonio Eduardo Mainez y Oscar Antonio Grilli.
La denuncia se basó en los siguientes presupuestos:

* Que se había cometido un delito al otorgarle un contrato de agente financiero a un banco sin licitación pública.
* Que la entrega del banco a los Eskenazi podía ser interpretada como un pago de favores, ya que la familia había puesto 125.000 pesos en la campaña de Rafael Bielsa como candidato a jefe de Gobierno porteño.
* Que la fiscal de Estado Claudia Mizawak resultaba cómplice de la entrega de Busti al no hacer lugar a la demanda. Mizawak había sido abogada del gobernador en causas penales anteriores impulsadas por el fiscal de Investigaciones Administrativas de Entre Ríos. La más seria era la entrega irregular de ATN.
* Que el costo financiero del nuevo agente era varias veces superior al que había antes del traspaso.

-El contrato del agente financiero anterior nunca pasaba los 250.000 pesos más IVA por mes. El de los Eskenazi se estipuló en ochocientos mil pesos más IVA -recordó Mainez, en conversación con el autor de este libro.
El entonces legislador provincial había asistido a una reunión técnica antes de la entrega. Allí Diego Valiero, el ministro de Economía de enton¬ces, se vanaglorió, delante del propio Enrique Eskenazi, de lograr una rebaja de cuatrocientos mil pesos:
-Acá el amigo pretendía cobrar un 1.400.000 pesos, pero al final nos pusimos de acuerdo en ochocientos.
Cuatro años después, en agosto de 2009, el agente financiero Eskena¬zi ya le cobraba a la provincia dos millones de pesos por mes.
Mainez y Grilli también denunciaron la aplicación, por parte del Nuevo Banco de Entre Ríos, de un código de descuento sobre el recibo de sueldo de los agentes públicos.
-Es un negocio clásico y redondo. El banco no te da la posibilidad de no pagar las cuotas del crédito. Te las van descontando mes tras mes de tu recibo de sueldo.
Además de la sospechada incorporación a YPF, la cercanía a Kirch¬ner y sus vínculos con Corach, Dromi y Jassan, los Eskenazi fueron acu¬sados por la Justicia de utilizar facturas apócrifas para el presunto pago de coimas.
Fue en mayo de 2007, cuando la Cámara Federal porteña resolvió que seis jueces distintos investigaran a doce constructoras involucra¬das en esos delitos.
La causa que involucra a Petersen, Thiele & Cruz cayó en el mismo juzgado que investiga por las mismas razones a Gotti SA, la empresa vinculada con Lázaro Báez, a su vez mencionado como tes¬taferro del propio Kirchner.
A Petersen, Thiele & Cruz se le detectaron facturas apócrifas por un monto de 2.412.450 pesos, emitidas a favor de las empresas fantas¬mas Echo y Acquasa.
Respondió la acusación el asesor de los Eskenazi que más contac¬to tiene con los medios:
-Esa denuncia no existe. Nos quisieron meter de prepo en el caso Skanska. Es un tercero que nos dio una factura. Un proveedor de cuar¬ta en el medio de un universo de grandísimos y complejos negocios.
En abril de 2009 Enrique Eskenazi se lamentó:
-Todo lo exitoso es sospechoso.
Fue en el marco de "El encuentro de los líderes", un seminario rea¬lizado por el diario El Cronista y la revista Apertura en el auditorio principal de La Rural.
Tres meses después, le pedí que me explicara su teoría. Dijo entonces:
-La Argentina es el país del fracaso. Huye de la competencia y el éxito. Solo se lo permite en los deportes.
-¿Le parece?
-Absolutamente. Si uno triunfa en los deportes, es considerado una persona brillante. Pero cuando el que triunfa es un empresario, siempre se piensa que hay algo dudoso detrás de su éxito.
-¿Y por qué cree que es así?
-No es culpa de la sociedad. Es culpa nuestra. De los empresarios. No supimos cumplir el rol revolucionario de hacer más moderno el país.
-¿Qué les diría a los que piensan: "Si los Eskenazi no fueran ami¬gos de Kirchner no habrían podido comprar YPF"?
-Les diría que tomen la historia de mi vida, y que recién después opinen. Fui exitoso antes de conocer a Kirchner. Fui exitoso con los bancos en San Juan, en Santa Cruz, en Santa Fe y en Entre Ríos. Eran bancos derrumbados y yo los saqué a flote y los hice eficientes. Lo que se diga en contrario me molesta, me hiere. No hay nada peor en la vida que al éxito te lo cubran de sospecha. Sobre todo cuando no es verdad.

2 HISTORIA SECRETA DE LA VENTA DE YPF

La compra de YPF por parte del Grupo Petersen fue la transacción más importante y más envidiada de todas las que se realizaron en la Argentina desde 1983.
Las sospechas abarcaron desde los argumentos más lógicos hasta las hipótesis más conspirativas.
El fantasma de Néstor Kirchner sobrevoló toda la operación.
Se escribió que el ex presidente bendijo el acuerdo. Que su cerca¬nía con los compradores nacionales, la familia Eskenazi, había resul¬tado determinante. Que un contradocumento habría transformado a Lupo en el verdadero socio argentino de la empresa más grande y po¬derosa del país. Que la presión fue muy intensa. Y que por eso el pre¬sidente de Repsol, el español Antonio Brufau, terminó haciendo lo que le habría pedido Kirchner: buscar un socio argentino para que lo deja¬ran en paz.
Detrás de las sospechas, quedaron algunas preguntas sin contestar. A saber:

* ¿Por qué Repsol le vendió parte de YPF a Petersen, un grupo casi sin experiencia en el negocio petrolero?
* ¿Es verdad que el Grupo Petersen no desembolsó ni un solo peso en efectivo?
* ¿Por qué se tasó Repsol al mismo precio que tenía cuando la compraron los españoles, en 1999?
* ¿Por qué el vendedor Repsol le prestó al comprador Peter¬sen casi la mitad del dinero que este debía desembolsar para adquirir la compañía?
* ¿Por qué Repsol les concedió a los Eskenazi tanto tiempo de gracia para empezar a pagar y con tasas de interés tan bajas?
* ¿Por qué las sedes del Grupo Petersen se encuentran en Es¬paña y Australia y no en la República Argentina?
* ¿Por qué los Eskenazi y Repsol acordaron cobrar dividendos por hasta el noventa por ciento de las utilidades?
* ¿Por qué el gobierno no puso el grito en el cielo, ya que así quedarían pocos fondos propios para invertir en exploración e inves¬tigación?
* ¿No es muy sugestivo que los Eskenazi se queden con el con¬trol de la empresa, si manejan apenas el 15 por ciento de las accio¬nes?

Todas estas preguntas serán respondidas a su debido tiempo. Antes, hay una historia secreta para contar.
El 28 de diciembre de 2007, cuando la operación estaba concluida, Kirchner ya no era presidente. Sin embargo llamó al CEO de YPF, Sebas¬tián Eskenazi, y le dijo:
-Bueno: ahora preparate, porque, si no empiezan a invertir, los vamos a hacer mierda -lo habría sorprendido Lupo. Según las fuentes consulta¬das, Kirchner cortó sin esperar la reacción del empresario.
¿Fue una nueva muestra del humor ácido del ex presidente? ¿Fue una amenaza real?
En ese breve diálogo se apoyan dos fuentes para afirmar que Kirch¬ner no fue parte interesada de la operación. Y que, al contrario de lo que sospecha el mercado, desde que los Eskenazi están en YPF, ni la petrole¬ra ni el sector han recibido beneficio extra alguno:
-Es al revés: nos subió las retenciones y se sentó arriba del precio de los combustibles -informó uno de los directores de la compañía.
El propio Alberto Fernández, jefe de Gabinete de Néstor y de Cristi¬na hasta agosto de 2008, atestiguó:
-Los que dicen que los Eskenazi son testaferros de Kirchner no cono¬cen a Néstor. Yo mismo he participado de reuniones en las que Sebastián le explicaba que, con semejantes regulaciones, el negocio del petróleo no era viable. Y Néstor no lo escuchaba. Solo le decía que se pusieran a explorar.
Un alto directivo de YPF aportó otro dato significativo:
-La última vez que Sebastián fue a ver a Kirchner fue para decirle que tenía que terminar con el conflicto del campo. Néstor lo sacó carpiendo. Y hasta lo gastó un poquito. Le dijo: "¿Y cómo no vas a estar con el campo, si tu mentalidad es la de un típico capitalista?".
Que Kirchner no sea el dueño de YPF no significa que no se sienta como si lo fuera.
Veamos.
Poco después del ingreso de los Eskenazi en YPF, el ex presidente llamó a un asesor muy cercano al CEO de la petrolera y le gritó:
-¡Hijos de puta! ¡Están quemando los pozos de petróleo!
El asesor, como si fuese un empleado de Kirchner, estuvo veinte minu¬tos tratando de explicar que lo que él presentaba como una gigantesca conspiración de YPF contra el gobierno nunca había sucedido.
Por ese tiempo, Rudy Ulloa, ex cadete y ex chofer del ex presidente, explicó así a un ex director de YPF por qué Kirchner deseaba un socio argentino de su confianza.
-Antes, cuando necesitábamos un dato de la empresa, teníamos que esperar la autorización del rey Juan Carlos. Ahora levantamos el teléfono y hablamos con los que deciden "al toque".
Cristóbal López, en diálogo con el autor de este libro, también ensa¬yó su teoría de por qué Kirchner siempre prefirió un socio argentino. Lo hizo en un lenguaje directo:
-Durante los dos primeros años de gestión de Néstor, ni [Alfonso] Cortina, presidente de Repsol, ni [Ramón] Blanco, su vicepresidente ope¬rativo, le dieron [a Néstor] cinco de pelota. Cuando ganó [el presidente de España, José Luis Rodríguez] Zapatero, se hizo cargo Brufau y le prome¬tió: "Voy a alquilar un departamento y estaré una semana por mes en la Argentina". No cumplió. Entonces fue peor. Porque no solo el gobierno no tenía un interlocutor válido: tenía un tipo al que no encontraba nunca y que tampoco entendía de petróleo.
López agregó que no fue Kirchner quien presionó a Repsol para encon¬trar al socio, sino Brufau quien salió a buscarlo con cierta urgencia:
-A mí me vino a ofrecer YPF un asesor de Brufau que todo el mundo conoce. Yo no le creí, porque siempre me pareció un poco fabulador. Si hubiera sabido que la cosa era en serio, lo hubiese pensado un poco más.
¿Cómo saber quién miente y quién dice la verdad?
Algunos datos fueron confirmados para esta investigación.
Uno es que el patriarca del Grupo Petersen, Enrique Eskenazi, y el número uno de Repsol, Antonio Brufau, se cayeron bien desde el momen¬to en que se conocieron, en la oficina del primero, dos años y medio antes de la gran operación.
Habla por primera vez de aquel encuentro el propio Enrique Eskenazi:
-Yo a Brufau no lo conocía. Él me pidió una reunión porque quería la visión sobre el país de un banquero argentino. Ese primer encuentro fue de verdad muy importante. Descubrimos que ambos compartimos una visión de los negocios y de los países. Le impresionó cómo llevamos a cua¬tro bancos que estaban en bancarrota a la primera categoría. No volví a verlo más, hasta que, dos años después, me preguntó si no quería asociar¬me con Repsol.
Otro dato que fue confirmado es que Brufau primero habló con Eskenazi, pero también conversó después con personas vinculadas a muchos de los empresarios más poderosos de la Argentina. El español quería saber si entre ellos podía estar el Gran Candidato: Eduardo Elsztain, de IRSA; el banquero Jorge Brito, de Macro; Eduardo Eurnekian, de Aeropuertos Argentina 2000; Hugo Sigman, de Grupo Chemo; y los hermanos Carlos y Alejandro Bulgheroni, de British Petroleum, fueron algunos de los que hablaron con el presidente de Repsol.
-Esto quiere decir que el socio no fue puesto a dedo, sino elegido entre los que más le convenían a la estrategia de Repsol -interpretó una fuente vinculada al Grupo Petersen.
Pero un consultor que participó de las negociaciones la corrigió:
-No. Eso quiere decir que lo que terminó de definir a Brufau fue la buena impresión que le causó Eskenazi padre.
Eskenazi padre, con 84 años, es un hombre de negocios muy especial. Destacado estudiante universitario, recorrió parte del mundo haciendo pos¬grados y tiene un discurso elaborado que logra atraer a cualquier auditorio.
Genera, entre sus pares, el mismo respeto reverencial que el fallecido Roberto Rocca cuando era el número uno del grupo Techint.
-Sus formas son agradables, y a la vez intimidatorias. Para ponerte distancia no necesita más que una sonrisa y una mirada -ilustró el lobbista de uno de los grupos industriales más importantes de la Argentina.
Por otra parte, Alberto Fernández, también en conversación con el autor, dijo:
-Enrique Eskenazi y Néstor no se tutean. Se tratan con afecto, pero también con distancia. Eskenazi padre lo llama "doctor", y Néstor le dice "ingeniero".
El tercer dato confirmado es que Kirchner y su ministro de Planificación, Julio De Vido, estuvieron al tanto de todo, desde el principio.
-¿¡Cómo no va a estar al tanto!? Una operación de esta envergadura no se puede hacer sin el visto bueno de los gobiernos. Ni del español ni del argentino -confirmó una fuente que siguió las negociaciones del lado de Brufau.
Zapatero habló sobre la transacción con Kirchner de paso por Bue¬nos Aires, horas después de la famosa discusión tenida entre Juan Carlos y el comandante Hugo Chávez, cuando el primero le espetó al segundo:
-¡¿Por qué no te callas?!
Fue en respuesta a la crítica del presidente venezolano contra el colonialismo español.
Zapatero estaba en Chile y se tomó un avión a Buenos Aires solo para hablar de la petrolera. En ese encuentro, en el que también participó Bru¬fau, Zapatero dejó en claro que la mejor manera de argentinizar YPF sería sumar a Repsol un socio argentino. Kirchner asintió y a partir de ese momento toda la operación empezó a fluir.
El contexto político y regional que había cuando Repsol tomó la deci¬sión de incorporar un socio argentino también fue determinante.
Sucedió en 2006.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, terminaba de impulsar el encarcelamiento del gerente general de Repsol en ese país. En el Perú, el can¬didato indigenista Ollanta Humala crecía en las encuestas y parecía que se iba a llevar todo por delante. Desde Caracas, Venezuela, Chávez incen¬diaba la región con sus declaraciones.
En la Argentina, la presión de los sindicatos petroleros y del gobierno configuraba un cuadro demasiado preocupante para la petrolera española.
-Los gremios nos paraban cada tanto la producción, y al mismo tiem¬po la administración nos pedía que exploremos más con las tarifas de los combustibles congeladas -recordó un ex director de YPF.
En ese mismo año a Brufau le acercaron una encuesta que lo terminó de convencer. Decía que más del setenta por ciento de los argentinos vería con agrado que YPF volviera a convertirse en una empresa argentina.
En el comunicado de prensa del 21 de diciembre de 2007, Repsol expresó las fortalezas de la operación:
"La venta de una participación de YPF a un socio local reforzará los vínculos de la compañía con los accionistas argentinos; permitirá una mayor implicación de YPF en el tejido económico y empresarial de Argen¬tina, revitalizando los proyectos de YPF en la región; tendrá un impacto positivo en YPF, tanto en términos económicos-financieros como en el desarrollo de la actividad y del negocio en la región; pone en valor a la compañía y contribuye a una mejor valoración de Repsol YPF; incorpo¬ra un socio de prestigio y con experiencia en la gestión de compañías con altos requisitos reguladores a nivel federal, provincial y regional en la Argentina y forma parte del plan de diversificación de activos emprendi¬do por Repsol YPF desde 2005".
-La jugada de Repsol se caía de madura -explicó un ex secretario de Energía del gobierno de Raúl Alfonsín.
Lo que el ex funcionario no entiende es por qué eligieron a Petersen, un grupo casi sin experiencia en petróleo, y no, por ejemplo, a los herma¬nos Bulgheroni, o al Grupo Techint.
-Nos eligieron a nosotros porque, además del rapport [sintonía] con Brufau, somos uno de los pocos grupos que pueden pasar el filtro de todos los organismos de control y todas las bolsas del mundo -explicó una fuen¬te muy cercana a los Eskenazi.
La misma fuente detalló las razones de Repsol, pero vistas desde España.
-Brufau había convencido a los accionistas de que convenía desin¬vertir en la Argentina -recordó.
-¿Para qué?
-Para bajar el riesgo de la ecuación económica y financiera. Para dis¬minuir el riesgo político. Para tomar parte del dinero que cobran en la Argentina e invertirlo en otros países, como Libia y Argelia, donde las regulaciones son menores y hay que gastar mucho menos en exploración e investigación.
También habrían pesado, para la elección final del socio argentino, las buenas referencias que aportó sobre los Eskenazi el mexicano Carlos Slim, uno de los empresarios más ricos y poderosos de todo el planeta. Slim es amigo de Enrique Eskenazi desde hace varios años. Suelen encontrarse al menos una vez al año. Slim habría sido una garantía no escrita ante los bancos y ante los propios accionistas de Repsol.
Otros especialistas en el mercado del petróleo no creen en las verda¬des sencillas.
-Los eligieron a los Eskenazi porque pensaron que eran las personas ideales para llegar al hombre más poderoso del país. Al que con la firma de un solo decreto o resolución te puede cambiar la ecuación del nego¬cio -dedujo Jorge Lapeña, ex secretario de Energía durante el gobierrno de Alfonsín.
Todos los que piensan lo mismo que Lapeña destacan un párrafo del memorando de entendimiento entre Repsol y el Grupo Petersen, fechado el 26 de diciembre de 2007. Allí se reprodujeron declaraciones de Brufau sobre por qué habían elegido a los Eskenazi:
-Es el grupo más idóneo por su experiencia en mercados regulados.
¿Qué quiso decir Brufau en verdad?
-Es una versión elegante que significa capacidad de lobby y línea directa con Kirchner -completó otro empresario que sospechó de la com¬pra desde siempre.
En la página 14 del mismo documento, bajo el título "Fortalezas de la Operación para Repsol YPF", volvió a aparecer el fantasma de la influen¬cia del Grupo Petersen sobre los poderes del Estado. Es cuando se afir¬ma que Repsol: "Incorpora un socio de prestigio y con experiencia en la gestión de compañías con altos requisitos reguladores a nivel federal, pro¬vincial y regional en la Argentina".
En la entrevista que concedió para este libro, Sebastián Eskenazi lamen¬tó la inclusión de ese concepto. Explicó que no habían sido palabras del presidente de Repsol sino algo que le habría "hecho decir" el responsable de Relaciones Institucionales, quien ya no está más en la empresa.
El tercer hijo de Enrique no soporta que minimicen o malinterpreten lo que para él fue un rotundo éxito empresario.
La operación estuvo por fracasar una y mil veces.
Los españoles pretendían ponerle al total de la empresa un valor de 18.000 millones de dólares y los Eskenazi no se movían de los 12.000 millones de dólares.
Al final, la cotizaron 15.000 millones de dólares, y lo que terminó de definir el precio fue la polémica forma de pago.
De cualquier manera, economistas que se jactan de su sentido común se preguntan si el precio final no es demasiado bajo. Ellos recuerdan que Repsol compró el ciento por ciento de YPF por quince mil millones de dólares, en 1999, cuando el precio del barril de petróleo no superaba los doce dólares.
-¿Puede valer lo mismo una empresa en diciembre de 2007 que ocho años atrás, cuando el crudo se cotizaba cerca de noventa dólares? -se preguntaron con desconfianza dos especialistas.
Los Eskenazi respondieron que la valoración de megaempresas como estas no está sujeta al capricho del comprador o el vendedor, sino a la cotización de mercado. Y que el mercado, mediante varias consultoras, terminó cotizándola quizá más de lo que en verdad vale.
Casi al final del camino, a Sebastián Eskenazi le faltaban doscien¬tos millones de dólares para completar toda la ingeniería financiera. Un encuentro providencial con el director de uno de los bancos pres¬tamistas fue decisivo para lograrlo. Cuando lo vio por primera vez en Nueva York, Sebastián no lo podía creer: era un ex compañero del Bayard, el colegio donde el empresario estudió durante los primeros años de su educación.
Estos son los detalles más importantes del acuerdo. Incluye la infor¬mación básica oficial y también la confidencial que debieron presentar ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de los Estados Uni¬dos y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y la Bolsa de Valores de la Ciudad de Buenos Aires:

* Se determinó un precio final de quince mil millones de dólares.
* La compradora fue Petersen Energía SA, sociedad de nacionalidad española cuyo capital inicial fue de sesenta mil euros.
* Petersen Energía tuvo que ser capitalizada con créditos por casi 72 millones de dólares. Se los otorgó a los Eskenazi Chervil Capital Invest, una subsidiaria de Credit Suisse. Se los dieron a pagar en seis años.
* Petersen puso como garantía para recibir el crédito de Chervil todos los bienes de la familia. Para ser más precisos: "Todos los activos, valores e inversiones que en el presente o el futuro tenga depositado en Credit Suisse, Petersen: Enrique Eskenazi, Matías Eskenazi, Sebastián Eskenazi y Hazeln Sylvia [Storey] de Eskenazi". Enrique es el padre, Sylvia la madre, y Matías y Sebastián dos de los cuatro hijos. Los otros dos no forman parte del grupo: Valeria, la menor, porque nunca le interesó; y Este¬ban, el mayor, porque estableció aparte una empresa de tableros electrónicos, que produce medidores y mesas de calibración de energía; además es tesorero de la Cámara de Empresarios Argentinos de Energía. ¿Quién maneja el poder familiar? Sebastián posee el 38 por ciento del total de las acciones que Petersen tiene en YPF. Matías igual: el 38 por ciento del total. El padre maneja el 23 por ciento. Y Sylvia Storey, apenas el uno por cien¬to. Sebastián Eskenazi desmintió que la garantía para ese cré¬dito y los demás préstamos fueran los polémicos fondos de las regalías petroleras que Santa Cruz dejó en custodia del Credit Suisse.
* El primer tramo de la compra fue por el 14,9 por ciento de las acciones, a 2.235 millones de dólares.
* Tres meses después completaron la adquisición hasta el 15 por ciento. ¿Por qué no compraron de entrada el 15 por ciento? Para pasar por alto trabas técnicas y burocráticas. Cuando se adquiere más de ese porcentaje todos los accionistas tienen derecho a pedir más requisitos para aprobar la operación.
* Petersen logró la opción para comprar hasta el 25 por ciento en los próximos cuatro años.
* De los 2.235 millones de dólares correspondientes a la compra del 14,9 por ciento de las acciones, 1.026 millones fueron prestados por un grupo de bancos, y 1.015 millones, otorgados por el mismo grupo Repsol.
* El grupo de bancos lo integró Credit Suisse, con un aporte de 601 millones de dólares; Goldman Sachs, con cien millones de dólares; BNP Paribas, con 175 millones de dólares; y Banco Itaú Europa, con 150 millones.
* El dinero que prestó la propia Repsol es uno de los puntos polémicos del acuerdo. Un especialista en grandes operaciones internacionales sostuvo que esto no es habitual. Que no se entiende bien por qué la propia vendedora le presta dinero a la comprado¬ra. Pero Sebastián Eskenazi opinó lo contrario. Y agregó un dato adicional: aseguró que Sacyr Vallehermoso, el accionista mayoritario, adquirió el veinte por ciento de Repsol Internacional con el mismo mecanismo. Se llama vendor's loan y significa préstamo del vendedor.

Eskenazi, además, se defendió:
-Presentame un solo grupo que sea capaz de pagar más de dos mil millones de dólares al contado, y le vendo mi parte ya mismo.
Otro punto en cuestión fue el plazo y la modalidad de pago de los cré¬ditos. Petersen ya empezó a devolverle a los bancos parte del préstamo. La primera cuota vencía en mayo de 2008. La última deberá ser cancela¬da en noviembre de 2012. Las cuotas de los pagos a las entidades son semestrales y el interés, de 5,65 por ciento anual por encima de la tasa LIBOR, es considerado bajo por un analista de mercado.
-¿Bajo, para semejante cantidad de plata? Decile a tu auditor de mer¬cado que no tiene idea de la envergadura de la operación que está anali¬zando -contraatacó Sebastián.
Otros operadores cuestionan un punto particular del generoso prés¬tamo del vendedor.
-No solo la vendedora le prestó plata para comprar a la adquirente. También le dio un tiempo importante para empezar a devolver el dinero, a partir de 2013. Encima, incluyó en el contrato una cláusula que le per¬mite a Petersen usar el noventa por ciento de los dividendos para cance¬lar su deuda con Repsol. Esto es casi un regalo -interpretó el asesor inter¬nacional.
-Esto no es un regalo. Muestra la enorme voluntad de Repsol por facilitarle la entrada a su socio argentino -consideró otro especialista menos apasionado, con oficina en Alem al 1100, en Buenos Aires.
El especialista dio una cátedra de seguridad financiera y jurídica internacional:
-Puede ser que Petersen sea un grupo muy prolijo. Sin deudas y dueño de bancos bien administrados. Pero estoy convencido de que los créditos se los dieron a Eskenazi porque intercedió Repsol. Es demasiada plata comparada con el tamaño real del grupo económico.
Es una verdad irrefutable.
El tamaño del grupo familiar es minúsculo si se lo compara con el de la petrolera.
En el momento de entrar a YPF, Petersen poseía activos por tres mil millones de dólares, y daba trabajo a cinco mil personas.
El organigrama que presentó para el acuerdo con Repsol dividió al grupo en cuatro áreas: construcción, servicios financieros, servicios urba¬nos, el negocio agrícola y Petersen Energía Sociedad Anónima.
La construcción es su negocio más antiguo.
Petersen se inició en 1920, como Petersen, Thiele & Cruz, Arquitec¬tos e Ingenieros. Participó en megaproyectos como la represa de Yacyretá, la planta nuclear de Atucha II y las obras de la Ruta Nacional 3. Tam¬bién trabajó en la Torre Pirelli, sede central de YPF; la construcción de los estadios del Mundial de Fútbol que se realizó en la Argentina en 1978; y una buena parte de la infraestructura urbana de la reconversión de Puer¬to Madero.
En el momento en que el grupo compró una parte de YPF, tenía mil empleados y habían ejecutado tres mil millones de metros cuadrados en obras civiles.
Enrique Eskenazi llegó a Petersen Constructora sesenta años después de su fundación, exactamente en 1980 (véase Cuarta Parte: Los Eskena¬zi. Capítulo 1: "No somos todos lo mismo").
Su particular aterrizaje hace que algunos lo consideren un hombre de negocios brillante y otros, un empresario oportunista.
Tenía 55 años y ya se estaba retirando de Bunge & Born, donde era considerado uno de sus ejecutivos más importantes.
Ganó la confianza de Carlos Alberto Petersen, uno de los principales accionistas de la constructora.
Hizo un diagnóstico perfecto y brutal de los graves problemas que atravesaba la empresa.
Ingresó a la constructora con un importante salario y enseguida le entregaron, gratis, el cinco por ciento de las acciones.
En menos de un año, en medio de fuertes diferencias entre las fami¬lias de los accionistas, Eskenazi pasó a convertirse en el accionista mayoritario.
Su fórmula fue sencilla: abrupta baja del gasto, mucho menos mano de obra para la construcción y una política austera en el manejo del crédito.
La división de servicios financieros del grupo se inició con la com¬pra de la mayoría de las acciones del Banco de la Provincia de San Juan, en 1995.
También hay dos perspectivas desde donde contar la historia de su ingreso. Una tiene la impronta del propio Enrique Eskenazi:
-No era algo que deseábamos. No tuvimos otra chance que hacernos cargo.
Sebastián completó:
-O lo comprábamos, o perdíamos el patrimonio que teníamos aden¬tro (véase Cuarta Parte: Los Eskenazi. Capítulo 3: "Kirchner fue un buen administrador").
Otra es la que presentaron legisladores de la oposición, quienes no acusaron a la familia Eskenazi, pero describieron:
-El Estado se quedó con una deuda impresionante y le entregaron la entidad saneada.
En la actualidad Petersen Inversiones SA (PISA) posee el setenta por ciento de un banco con dieciséis sucursales y diez mil clientes.
En 1996 Enrique Eskenazi conoció al gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
En 1998 compró el 51 por ciento del Banco de Santa Cruz, al mar¬gen del escándalo provocado por el déficit de 170 millones de dólares que le generaron sus deudores incobrables. La entidad tiene ahora 130.000 clientes y una red de dieciséis sucursales.
En setiembre de 2003 Eskenazi compró, por medio del Banco de San Juan, el 93 por ciento del Banco de Santa Fe.
Fue un salto cuantitativo considerable.
Sus 450.000 clientes actuales son atendidos en una red de 107 ofici¬nas. La adquisición estuvo rodeada de una fuerte polémica. En su momen¬to, el diputado nacional por la UCR de Santa Fe Carlos Iparraguirre lo lamentó. Iparraguirre denunció que no le daba tranquilidad que una enti¬dad pequeña como el Banco de San Juan absorbiera a otra tan grande como el Banco de Santa Fe:
-Fue como si una mojarrita se comiera un tiburón -se quejó en el recinto.
El Banco Central, presidido por Alfonso Prat-Gay, autorizó a Peter¬sen a hacerse cargo después de muchas exigencias técnicas, para que nadie pensara que Kirchner lo presionaba.
Dos años después, PISA empezó a manejar el Nuevo Banco de Entre Ríos. Ahora tiene el 64 por ciento de las acciones, y el ciento por ciento de los derechos a voto. Cuenta con 73 sucursales y 320.000 clientes.
Las divisiones de Servicios Urbanos y Negocios Agrícolas son minús¬culas si se miden por el nivel de facturación.
Santa Sylvia SA es una explotación agrícola industrial de más de diez mil hectáreas, especializadas en el cultivo de olivos y viñedos. El aceite de oliva y el vino se venden bajo la marca Xumet. El impulso de Santa Sylvia tiene casi un único protagonista: Ezequiel Eskenazi, segundo varón de la familia, después de Esteban. Bohemio, actor, fue parte del elenco estable del Teatro San Martín y participó en la obra Marilú. Enrique y Sebastián tienen un fuerte sentimiento de ternura por Ezequiel. Cuando les mostró el campo que había adquirido en San Juan le preguntaron en broma:
-¿Qué compramos, una pedrera?
Pero ahora dicen que Ezequiel consiguió hacer un milagro. Fue capaz de elaborar un buen malbec en la provincia donde reina el vino blanco.
-Nos costó un montón de plata. Tuvimos que traer ingenieros de Israel. Pero el vino ahí está. Premiado y listo para tomar -confesó un eje¬cutivo del grupo.
La división Petersen Energía SA (PESA) no tenía ni un peso hasta que el grupo decidió comprar Repsol.
Los únicos antecedentes ciertos son dos.
El primero: unos pozos petroleros que alguna vez manejó la construc¬tora antes de la incorporación de Enrique Eskenazi. No debieron ser muy importantes, nadie se acuerda ni siquiera del nombre.
El segundo antecedente es Inwell, una firma que se presentó a licita¬ción por primera vez en 2006.
Fue cuando la provincia de Santa Cruz convocó a la exploración de quince áreas petroleras. Siete fueron obtenidas por empresas vinculadas a Lázaro Báez. Otras siete, por compañías de Cristóbal López.
Inwell no se quedó con área alguna.
La respuesta de por qué Repsol le vendió una parte de YPF y le dio el management a un grupo cuya fortaleza no es el petróleo, sino las finanzas, tampoco es una sola.
Una explicación lógica es que los españoles confiaban en la capaci¬dad de lobby de los Eskenazi ante un hombre tan complicado y con tanta ambición de poder como Kirchner.
Otro argumento atendible es que el petróleo es cada vez más un nego¬cio financiero. De hecho, Sacyr Vallehermoso, el accionista mayoritario de Repsol Internacional, es especialista en negocios inmobiliarios.
La tercera respuesta la aportó Sebastián Eskenazi:
-Más que especialistas en energía, necesitaban management eficiente. ¿YPF era ineficiente antes de llegar Petersen y ahora funciona a las mil maravillas?
Todavía no parece tan claro.
Los resultados del primer semestre de 2009 no fueron alentadores. En la Argentina, Repsol YPF ganó 53 por ciento menos que durante el mismo período de 2008. El único consuelo de los Eskenazi es que les fue mejor que al grupo español en el mundo, donde la caída de ganancias fue casi del sesenta por ciento.
La razón es obvia: la brusca caída del precio del crudo y de los már¬genes de refinación.
A YPF Argentina no le alcanzaron los aumentos aplicados a los precios del gas y los combustibles de las estaciones de servicio. Y en cambio la afec¬taron, y mucho, las retenciones y el impacto negativo del tipo de cambio.
Esto no significa que ni Repsol ni YPF pierdan plata. Solo YPF ganó en seis meses de este año más de mil millones de dólares.
Otro de los grandes interrogantes de la operación es por qué los Eskenazi, para comprar su parte de Repsol, inscribieron a Petersen Energía primero en España y después en Australia, si se trata de una empresa argentina.
-Esto es muy sencillo: si registrábamos Petersen Argentina, los bancos internacionales no nos prestaban un peso. Porque la palabra "Argentina" es sinónimo de inseguridad jurídica y de default. Si registrábamos solo Petersen España, tampoco, porque lo consideraban insuficiente. Por eso registramos Petersen España y Petersen Australia también —explicó uno de los expertos que participó en el diseño financiero.
El otro gran tabú es cuánto dinero pusieron. Se lo pregunté directa¬mente a Enrique Eskenazi:
-¿Cuánto capital propio invirtió?
-Mucha guita. -El padre olvidó por un instante su estilo diplomático y agregó: -Me gustaría que le preguntara a cualquier jerarca de una empresa internacional cuánta plata líquida puso en su última operación. Nadie pone nada. Y nosotros sí pusimos. Pero más importante fue la estructura financiera para conseguir semejante cantidad de plata. ¡Conse¬guimos más de 2.200 millones de dólares y nadie destaca cómo lo con¬seguimos!
-¿Cómo?
-Con casi dos años de trabajo y la confianza otorgada a la familia Eskenazi. La gente cree que los empresarios argentinos estamos al borde de la mafia. O que nos encontramos un día con un grupo de bancos, to¬mamos un café, nos damos la mano y nos dan miles de millones de dóla¬res. La verdad es que el asunto es un poco más complejo.
Sebastián, harto de lo que él llama "la teoría de la conspiración", dio una pista más precisa: calculó que el patrimonio familiar que se utilizó es el equivalente al diez por ciento del precio total del la parte de YPF que compraron.
Entonces, ¿cuánta plata pusieron de verdad? Habla una fuente a la que nadie desmentirá:
-Los Eskenazi juntaron 35,5 millones de dólares. Si no la hubieran puesto, no habrían capitalizado Petersen Energía de España y entonces se habría caído toda la operación. Además de cuánto capital propio pusie¬ron de verdad, la última gran duda de los que siguieron con desconfian¬za la novela de la compra de YPF es por qué Brufau le entregó el control efectivo a un accionista minoritario, que todavía no terminó de pagar ni el 15 por ciento de su participación.
Intentó terminar con las especulaciones el propio Sebastián Eskena¬zi. Para aventarlas, solo empleó doce palabras:
-Nosotros no buscamos el management. Nos lo pusieron como con¬dición para comprar.
Después, más tranquilo, aclaró que, si bien Petersen controla YPF, las decisiones importantes las toma un comité ejecutivo que se encuentra por encima de todo. Y, dentro de ese comité, Repsol tiene la mayoría.
Tanto Enrique como Sebastián Eskenazi muestran cierta fatiga al te¬ner que explicar que no son iguales a Cristóbal López, Lázaro Báez o Rudy Ulloa.
Cuando no hablan frente al grabador, suelen decir cosas como estas:
-Nosotros no somos empresarios K. A nosotros no nos formó Nés¬tor. Nos formó el mercado. Es más: nosotros no estamos de acuerdo con la política energética. Y se lo decimos, en privado, cada vez que podemos. La Argentina no tiene gas suficiente para venderle a Chile tan barato. Nuestro país le compra gas a Bolivia carísimo y se lo vende a Chile bara¬tísimo. El gas oil aquí vale cuatro veces menos que en el Brasil, Chile y el Uruguay. El gas oil tiene que aumentar, o hay que racionalizar su uso. La Argentina tiene más de dos millones de autos que funcionan a gas. No sé cuántos países del mundo pueden sostener eso. El precio de la luz es baratísimo comparado con el Uruguay. Ni qué hablar de la nafta. La Argentina es el único país del mundo con tantos climatizadores de pile¬tas de natación. Es uno de los pocos países donde los ricos tienen subsi¬diados sus caloventores de piscina.
-Nosotros le avisamos al gobierno, porque semejante compra no se puede hacer a escondidas. Pero no le pedimos permiso, porque para hacer negocios no le pedimos permiso a nadie. Además, pedirle permiso a Kirchner es casi como convertirte en su empleado. Y nosotros no somos empleados de nadie. Es más: no manejamos negocios de los que no tengamos el control. Y no porque seamos soberbios. Es que no sabe¬mos hacerlo de otra manera.
-Lo importante, ahora, es entender que, por primera vez en su histo¬ria, YPF tiene dueño. No los únicos ni los mayoritarios, pero somos los due¬ños. Antes, los dueños estaban a 14.000 kilómetros, y esto era un ministe¬rio. Ahora, los dueños estamos acá. Y eso es verdad para los empleados, para los proveedores, para este gobierno, y también para los gobiernos que vendrán.